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¿Cómo le di la vuelta al insomnio?

Dormir es de esos placeres sencillos de la vida y dormir a voluntad se ha convertido en un súper poder del que muy pocos pueden hacer alarde.

Yo solía ser de esa élite que en cuanto cerraba los ojos, caía en un profundo sueño; en los últimos dos años se desvaneció ese don. Parte estrés laboral, parte pandemia y parte pésimos hábitos al dormir, el tratar de conciliar el sueño se volvió de esas cosas realmente frustrantes.

Busqué por todo Google y encontraba los mismos tips que en realidad no me funcionaban de forma constante: meditar, lavanda y pasiflora, lechuga en la almohada, tratar de dormir siempre a la misma hora, un baño tibio, melatonina, leche caliente, contar borreguitos, pararte de la cama y estar activo… ¡Y uff!

Y sí, algunos me funcionaron un par de veces, pero después, nada. Así es que te comparto la serie de cosas (sí, son varias) que me han ayudado a mejorar mucho mis ciclos de sueño.

  • Cambia tu almohada

¿Cuándo fue la última vez que cambiaste -o incluso, lavaste- tu almohada? He aprendido que el espesor del cojín debe ser acorde a cómo duermes. No es lo mismo dormir boca abajo, en dónde algo bastante ligero ayuda, a dormir de costado, en dónde el espacio entre el colchón y tu cabeza requiere de más espacio y mayor soporte. Con las almohadas es como con el psicólogo, no te vas ajustar a una a la primera (y si sí, suertud@) pero vale la pena probar dos o tres. Yo compré unas de Lunna que te permite sacar el relleno para ajustarse.

  • Busca la temperatura adecuada

Puede ser que tu habitación es muy fría o muy caliente; muy seca o muy húmeda. Identifica qué es eso que le hace falta a tu entorno. En mi caso, fue el calor así que compré un ventilador de torre con modo nocturno. También un juego de sábanas ligeras de fibras de bamboo. Hay temporadas en que es muy seco y compré un humidificador pequeño que pongo en mi buró.

  • ¿Qué tal está tu colchón?

Igual que con las almohadas, no solemos prestar atención al colchón. Hacer rotación de este al menos una vez al año, permite que el desgaste se haga más uniforme y se mantenga la firmeza. Si ya tienes más de 7-8 años con él, quizás valga la pena comprar otro. Invierte, vale la pena. Yo soy fan de los colchones duros a base de espuma y memory foam. A veces con tan solo dormir al revés (los pies donde va la cabeza) ayuda a que te soporte distinto.

  • La sorpresa más sorprendente: un antifaz

Siempre qué veía en series y películas el uso del antifaz para dormir sentía que era un accesorio absurdo y más para reflejar lo snob de alguien. Resulta que me regalaron un antifaz de satín cuando compré la pijama y dije, a ver. Wow. ¿Qué clase de brujería es esa? Después investigué qué había detrás de eso, y es que el uso del antifaz te permite la oscuridad óptima para producir tu propia melatonina y no necesitar consumirla en pastillas. Si eres de los que despierta mucho, promueve que se acorten esos espacios de estar despierto. Yo ya no puedo vivir sin el antifaz. Eso sí, recuerda lavarlo semanalmente para quitar el sudor y suciedad acumulados. No es necesario que uses uno fancy, busca materiales ligeros y cómodos, que no te aprieten ni queden muy flojos.

Todo esto en conjunto me ha caído fenomenal. Claro, el no ver tv antes de dormir o estar con el celular, también ayuda, pero siendo muy franca, me hice a la costumbre de quedarme dormida viendo alguna serie. No medito per se, pero a veces escucho audios de guía de respiración profunda o le pido a mi esposo que me lea (sí, como el cuento antes de dormir cuando éramos niños). No sé por qué de adultos ya no lo hacemos, es increíble.

Ojalá estos tips te ayuden a tener dulces, y reparadores, sueños.

Xoxo, D.

A un año de nuestra despedida…

Fuiste mi inseparable compañero desde la adolescencia. En las buenas, en las malas y en las miserables. Podía contar contigo para darme ánimos, para quitarme el miedo o la ansiedad, y para coronar alegrías.

A veces me llegan ataques de nostalgia y te pienso. Luego caigo en veinte de que no te extraño a ti en concreto, sino una época o mi versión más juvenil.

A veces me acompañabas también en mis días deportistas. Nos veíamos después de una cascarita o de un partido de basquet. En los últimos años, a veces saliendo del gimnasio. Estuviste en cada desayuno, cada comida y cada cena.

El cigarro trae un simbolismo muy fuerte para mi: rebeldía, poder, masculinidad, hedonismo. Como todo fumador, me sabía hasta el cansancio los riesgos a la salud, el costo económico y demás clichés a los que recurrían los que me querían convencer de que no fumara. Ni todos los argumentos, ni todas las imágenes en las cajetillas podían convencerme de lo contrario.

Dejar de fumar es igual de íntimo que empezar a hacerlo. Es una decisión que no nace de la lógica, nace de algo más subjetivo, de algo imaginario.

Yo fui una fumadora que verdaderamente disfrutaba de fumar; me dio grandes recuerdos y grandes historias, como el día que me abordó un vagabundo para pedirme un cigarro sobre Av. Ejército Nacional. Yo muy entaconada y arreglada, venía saliendo de una entrevista de trabajo para una ONG. Eran como las 7 pm y me disponía a fumar un cigarro antes de tomar el taxi que me llevaría a casa. Se me acercó “Alfonsito”, con quien compartí una plática de media hora mientras me contaba de la vida en la calle, me daba tips para mejorar el sabor del tabaco y me preguntaba sobre mi vida. Me sugería que trabajara para comprarme una casa en Miami. La gente se me acercaba para preguntarme si estaba todo bien o si necesitaba ayuda, les causaba extrañeza verme riendo y conversando con un hombre con los pantalones rotos, cara llena de hollín y sonrisa chimuela. Se despidió de mi para proseguir su camino errante dándome las gracias por una plática tan amena y me dijo que se llamaba Alfonsito.

A un año de dejar de fumar lo recuerdo con algo semejante al cariño, pero me siento feliz de que no sigamos juntos. No decidí dejarlo por salud ni por economía. Decidí dejarlo porque simplemente ya no íbamos bien juntos. Así, separados, estamos mejor.

Xoxo, D.

Controla los ataques de pánico

¿Qué te pasa cuando tienes un ataque de pánico? Y cómo vivir con ellos sin que sean una pesadilla

He pasado por muchos ataques de pánico desde que tengo 17. Era tan común para mi, que aprendí a leer los síntomas. Esto me ha permitido:

1) Saber que estoy teniendo un ataque y que no voy a morirme (porque así se siente)

2) Utilizar técnicas de respiración para disminuir los síntomas. Hay un ejercicio de visualización en el que respiras al mismo tiempo que dibujas un cuadrado con tus dedos. En cada borde inhalas o exhalas y lo realizas por un par de minutos. Hay otra técnica en la que describes 5 objetos que observas, 4 sonidos que escuchas, 3 olores, 2 texturas y 1 sabor que sientes.

3) Tener un plan de emergencia por si los ejercicios fallan. Usualmente cuando siento los síntomas de “no retorno”, tengo de 10 a 15 minutos antes de entrar en crisis. En ese tiempo identifico algún hospital cerca. Si estoy acompañada, explico que estoy por tener un ataque de pánico fuerte y que necesitaré de su ayuda para repetirme que respire y que pasará pronto.

¿Cómo llevó mi vida con ataques de pánico?

En mi vida pre contingencia, había veces no podía ir a algún evento social. Me venía la sensación de que algo muy grave ocurriría si iba. Cuando sentía eso, no me obligaba a ir. El cancelar un compromiso me ayudaba a bajar la taquicardia. La regla aquí era no permitir que sucediera siempre. Obligarte a salir es importante para comprobar que solo es tu ansiedad. Sobretodo en esta época en la que se suma la necesidad de la sana distancia.

Tip de oro: Si vas a cancelarle a alguien importante para ti, explicar por lo que pasas ayuda a evitar malos entendidos (y te sigan invitando). Es difícil, sí, pero aligera la carga de tus emociones. La gente que te quiere lo entenderá y seguirá ahí para cuando pase la racha.

Date permiso de sentir

Construí la imagen de ser una persona muy fuerte por lo que me cuesta mucho hablar de mis emociones. No suelo llorar en público y hasta me cuesta hacerlo en privado. Cuando necesito hacerlo, veo series o películas lacrimógenas que me dan el pretexto. Llorar te permite hacer catarsis y te limpia el alma.

Si es algo ya recurrente, busca ayuda

Conforme fui creciendo, aprendí que los ataques de pánico son más comúnes de lo que creemos, pero muchos no saben que lo padecieron. Si comienza a sucederte con cierta regularidad, es importante buscar ayuda, de preferencia psiquiátrica (no, no son loqueros, quita esa idea absurda).

¿Cómo sabes que es un ataque de pánico?

Hay varios recursos online que te permiten conocer los síntomas. Yo he tenido de todo tipo: taquicardia, hormigueos, hipertensión, dolor punzante en el brazo (tipo infarto), sensación de que vas a morir… hasta parálisis facial y vómito. Sí, es algo HORRIBLE, pero con técnicas adecuadas y ayuda profesional, se puede controlar.

Xoxo, D.