5 Tips de limpieza del hogar en cuarentena

Una de las pláticas más recurrentes que he tenido en cuarentena es ¡los trastes nunca se acaban de lavar! Y sí, ha sido una labor titánica el mantener el hogar a flote al mismo tiempo que nuestra cordura.

1. Delega las cosas que más aborreces

Estoy de tiempo completo en home office y por eso he ahorrado dinero en transporte y comida. Parte de ese dinero lo he destinado a facilitarme la vida llevando mi ropa a la lavanderia. Tengo tanta paz mental al recibir mi ropita lavada, doblada y sin pelo de gato, lista solo para guardar. Analiza qué podrías delegar: ¿cocinar? Quizás valga la pena ver si algún vecino te puede preparar comida diaria.

2. Invierte en tecnología para el hogar

Tengo 3 gatos y el pelo es una locura. Invertir en una aspiradora robot fue la mejor decisión ever. Todos los días aspira y hasta he reducido mi alergia. Yo tengo la Xiaomi Mi Robot Vacuum que pedimos por Aliexpress, pero el mercado ofrece ya una oferta de aspiradoras robot para todos los bolsillos. ¿Trastes sin fin? Hacerte de un lavatrastes no sería una mala idea.

3. Busca productos de limpieza que te acomoden

Es común que consumas las marcas que usaba tu mamá. Parte costumbre, parte nostalgia. Yo he estado migrando a marcas de bajo impacto ecológico, que me han dejado muy satisfecha. Una de ellas es Desplastificate que tiene planes de suscripción mensual a domicilio (solo en CdMx por el momento). En Canasta Rosa también puedes encontrar muchas marcas con envío nacional.

4. Pon a la química de tu lado

Hay veces que no es necesario comprar algún producto especializado y basta solo con recordar nuestras clases de química de prepa. ¿Te quedan los trastes oliendo a choquía? (ese olor a huevo). Pon con tu jabón una mezcla de vinagre con bicarbonato de sodio (¡ojo! No lo mezcles nunca con cloro). ¿Manchas de sangre en la ropa? Enjabona y pon agua oxigenada sobre la mancha. También hay reacciones que debes evitar: jamás mezcles pinol y cloro. Es más, jamás mezcles el cloro con nada. Te recomiendo un libro maravilloso de química para el hogar.

5. Date permiso de vez en cuando

Tener una casa limpia es un must para muchos de nosotros. Ayuda al estado de ánimo y a tener menos estrés visual. Además, la higiene es aún más importante por la pandemia que vivimos. Hay veces que el cansancio es masivo o simplemente quieres dedicar tiempo al ocio, y eso está bien. No te culpes si dejaste ropa sin guardar, lo podrás hacer al día siguiente. El descanso es necesario para una vida integral. El ser víctimas del «tengo que ser productivo siempre» nos enferma. Relájate, toma el sol, acuéstate, ponte a hacer absolutamente nada. Eso sí, que tampoco sea de todos los días. Tener una casa organizada da un boost anímico impresionante.

¿Qué tips has descubierto tú?

Xoxo, D.

De-Construyendo la femineidad

Me hice presa de mi género. De la aprobación constante, del rol que me tocó jugar. Todo comenzó por el inicio. Ese XX que me condenaría a un destino aparentemente escrito. Mis hermanos, todos hombres; toscos, bruscos, masculinos. Yo era la luz de mi madre, la delicadeza. Ese vínculo que por fin tendría con la femineidad; las zapatillas de ballet, los vestidos de tul, las trenzas. Poco le duró el gusto. Me llegó primero el amor por el lodo y los charcos, por el cabello despeinado y las rodillas raspadas. 

Crecí aborreciendo el rosa y los encajes, el maquillaje, las zapatillas. Ahora que lo pienso, en secreto siempre los quise, pero yo no podía quererlos, yo no era una niña. Yo no quería, o debía querer ser una niña. Una niña quería ser princesa; yo nunca fui la princesa de nadie; yo nunca dejé que alguien me hiciera su princesa. Una niña se preocupa por verse bonita; yo no me sentía bonita y nadie me llamó bonita hasta que fui adolescente. Yo era inteligente, a mi me halagaban la inteligencia desde niña -y hasta la fecha. Una niña soñaba con su príncipe azul, con su vestido de bodas y con ser madre; yo soñaba con ser autosuficiente, con un Jeep, viajar por el mundo sin echar raíces en ningún lado y una casa a la que llegar a dormir. 

Durante muchos años, me fui repitiendo una y otra vez esos mantras. Era parte del ritual aborrecer públicamente las cosas de niñas. Era parte del ritual erigirse como una súper mujer, la que no es como las mujeres convencionales. La que no quiere ser esposa, ama de casa ni madre. La que no hace el amor y coge. La que es realista y no vive alimentando fantasías. La que no sueña con ir a París. La que no lee revistas de belleza. La que es cínica y directa. El día que me di cuenta que quería casarme lloré, lloré mucho. 

Aún recuerdo el día que se vinieron abajo todos esos mantras. Estaba sentada en la sala, cosiendo una colcha con plumas de ganso (una escena muy irónica). Yo estaba llena de plumas, y es que las malditas seguían saliendo por más que cerraba los agujeros. No pude más y me quebré. Mi terapeuta me decía que lloraba ante mi imagen de mujer victoriana. Me di cuenta de que al estar ahí sentada, cosiendo, era un ama de casa. ¿Y el glamour y la seducción de la súper mujer? Era también una historia romántica sobre la nueva femineidad.

Nos compramos el cuento de que, de entrada, tenemos que ser esas súper mujeres: buenas en casa, buenas en el trabajo, buenas amigas, madres, amantes, esposas… Han sido muchos años de trabajo conmigo misma para poner las piezas de esas cosas a las que siempre renuncie ¿y saben qué? Que muchas de ellas me encantan. Disfruto enormemente aprender cada día un poco más sobre maquillaje, a tener mi casa linda, a experimentar con la ropa, a investigar sobre ciencia, a jugar videojuegos, a apasionarme por mi trabajo y tirarme en cama con mis gatos. Soy buena para algunas cosas, mala para otras y de vez en vez, por falta de tiempo o práctica pierdo la habilidad que tenía en una cosa para ganarla en otra. Y está bien.

Puedes ser mujer, lo que quiera que eso signifique para ti. Y si no quieres serlo, está perfecto también.

Xoxo, D.

La nueva normalidad

Mucho hemos escuchado ya sobre las dinámicas de la – ya no tan nueva- normalidad fuera de casa, pero… ¿Y dentro de ella?

Para mi ha sido una fase de reconectar con mi hogar y verdaderamente habitarlo, no solo llegar a dormir aquí. Me di cuenta de esas cosas de las que no era muy fan, pero que eran funcionales (un horrible bote de basura amarillo en el baño). Viéndolo de vez en cuando, meh, pero verlo todo el día, todos los días hizo que me temblara el ojo.

Observa tu espacio con otros ojos

Desde que la pandemia comenzó, empecé a soñar mucho con una casa abandonada que se supone era mía. Las primeras veces iba a recoger solo la correspondencia y a barrer. Yo creo que al menos una vez por semana soñaba con la casa. De repente empecé a limpiar los estantes, luego a arreglar el jardín. La última vez que soñé con la casa, compré y acomodé una vajilla nueva. La casa nada parecía ya a la del principio. Incluso el pasto del jardín era verde. La relación más obvia, es la de poner manos a la obra en casa; en un sentido más introspectivo, esa casa soy yo misma, reconstruirme a mi misma (pero eso será para otro post).

¿Puedo cambiar las cosas? ¡Puedo cambiar las cosas!

1. Pela los ojos y analiza tu casa como cuando analizas la casa de alguien que no te cae tan bien (así sí hasta el mínimo detalle encuentras).

2. Yo fui analizando cuarto por cuarto para no sentirme overwhelmed y que en lugar de querer arreglar, huyera.

3. Cambia esas cosas dependiendo de tu necesidad ACTUAL, no la del pasado, y mucho menos, la del futuro. Yo tenía cosas que me regalaron cuando me mudé (hace casi 10 años) y que no me encantaban, pero el dinero escaseaba. Ahí yo necesitaba las cosas por funcionalidad. Ahora que estoy en un punto muy distinto, mi necesidad es estética: cosas lindas que se coordinen entre sí. Me estoy centrando en darle una personalidad concreta a mi casa, un mood.

4. Si está roto o ya no sirve, sácalo de tu vida, no lo necesitas.

5. Si nunca lo usas, sácalo de tu vida, no lo necesitas.

6. Si lo tienes guardado porque «puede ser útil en el futuro», ¡¡sácalo de tu vida, no lo necesitas!! Aaah, ¡Cómo nos encanta guardar fregadero y media! Dejar ir es un ejercicio de amor propio. Proyectamos en los objetos – y en la gente- nuestros miedos e inseguridades.

7. A veces no necesitas algo nuevo, solo cambiarlo de lugar. Un acomodo nuevo te da un vibe completamente distinto.

8. Que se te dibuje una sonrisa al entrar a ese «nuevo» espacio. O puedes suspirar. O tu piecito puede hacer «pop».

9. Disfruta el proceso. Como todo en esta maldita vida, prueba y error. No te frustres (o si te frustras date un break y otro día le sigues) y que sea una actividad que disfrutes. Es TU espacio y todo se vale.

10. Lo que saques de tu vida, y de tu casa, si es útil, regálalo, dónalo o véndelo, según sea tu necesidad. Se vale vender las cosas, no todo debe ser caridad (reconoce tu esfuerzo para adquirirlas) y no todo es dinero (donar y regalar te da una sensación de gratitud muy bella). Seguro algún recién mudado lo agradecerá (y lo mantendrá por 10 años).

XOXO, D.

First things, first

Desde hace muchos años tenía la inquietud de empezar un proyecto personal.

Con la revolcada que nos ha dado el 2020 no sólo caímos en cuenta de lo vulnerables que somos, sino que también nos dimos cuenta de la fugacidad de la vida y de que el control que creíamos tener es solo una quimera.

Para muchos de nosotros ha sido un llamado a repriorizar objetivos y expectativas y a poner en primeros lugares lo que queremos que esté en primeros lugares.

Tatami es ese pedacito que postergué por muchos años: falta de conocimiento, falta de confianza, falta de tiempo. Con esto busco explorar todas aquellas cosas que facilitan y mejoran mi día a día: lifestyle, tecnología, pensamientos al aire.

Bienvenidos, sean. Xoxo, D.

Aquí viendo cómo se me acaban los pretextos para comenzar tatami