Review: Trapeador de vapor Shark Steam Pocket Mop

Trapear es de las cosas que más flojera me dan en esta vida, por lo que si encuentro algún gadget que me ayude a reducir el tiempo y esfuerzo en esta labor, bienvenido. 

Compramos la mopa de vapor Shark Steam Pocket Mop a inicios de la pandemia en una oferta de Amazon, por lo que hemos podido usarla a fondo.

Yo no conocía la marca Shark, pero es una marca que se ha especializado en este tipo de productos. Este modelo es de los más sencillos de su oferta. 

El agua se deposita en el compartimiento central sellado con taparosca

Modelo: S3501 – morado

Pros:

  • Limpieza a base de vapor de agua por lo que no necesitas ningún producto adicional para limpiar ni desinfectar. Hacer uso de estos, puede dañarlo. 
  • Al no usar productos, es más sustentable y zero waste friendly (menos envases, principalmente de plástico) 
  • Tiene una mecánica en la que el mismo impulso que usas para jalar la mopa bombea el vapor, por lo que no requiere gran esfuerzo adicional. 
  • Trae un cable bastante largo que no necesitarás conectar y desconectar en cada cuarto. 
  • Puedes limpiar con ambos lados de la mopa. Su cabezal rota 180°. 
  • Buena traxión en pisos de distintos materiales: cerámica, loseta, madera, alfombra… 
  • Fácil de usar. Sí noté una reducción de tiempo considerable de trapeado. 
  • Ayuda a sacar manchas medio penetradas en pisos y alfombras.
  • No tienes que estar enjuagando la mopa como cuando usas mechudo o jerga. 
  • De uso semi rudo. Se me ha caído un par de veces, y todo bien. 

Contras:

  • Utiliza una almohadilla especial, por lo que no puedes usar cualquiera. Si se gasta hay que reemplazarla. 
  • La almohadilla debe retirarse después de cada uso y lavarse para prolongar su vida. 
  • El cable… Si eres super wireless en tus productos, sentirás un poco de incomodidad. 
  • No es pesada, pero tampoco es ligera. Tiene un peso de 7kg según sus especificaciones. 
  • Debes desconectarlo para apagarlo, no tiene botón de prendido-apagado. 
  • Costo elevado para un trapeador: alrededor de $1000, yo lo compré en oferta a $600. 

Consideraciones:

  • Si bien usa repuestos de almohadillas, estas no son caras. Hay paquetes de 4 o 6 por $300-$400. 
  • La almohadilla que tengo lleva 8 meses con uso moderado (1 vez por semana). En realidad lo que se gastó fue el velcro. Colocamos un botón para recuperarla. 
  • Debes aspirar o barrer súper bien antes (esta es regla general para trapear hasta con jerga). 
  • Lo puedes encontrar en Amazon, Liverpool, Mercado Libre (ojo, aquí hay algunos muy por encima del precio). 
Puedes prolongar la vida de tu mopa con ajustes de costura
Veredicto: 4 de 5 estrellas. Sí lo recomiendo. 

Xoxo, D.

Recetas para el adulting: Chicharrón en salsa verde

Hay clásicos de la cocina mexicana que son extremadamente fáciles, baratos y muy rendidores.

Sin duda, mi favorito de los tacos de guisado, es el chicharrón en salsa verde, y cuando trae algo de carne pegada al cuero ¡ufff!

A mi me gusta darle un twist a las recetas clásicas, no sólo por hacer una versión más mía, también porque me permite ocupar lo que tengo en la cocina y así evitar desperdicios; SIEMPRE le pongo ingredientes sorpresa que tenga a la mano.

4 porciones (bien servidas). Costo total: $87 Tiempo: 6 canciones

– 10 tomates verdes

– 300 gr de setas picadas (u otro tipo de hongo… no, de esos no)

– 3 dientes de ajo

– 3/4 cebolla chica

– 2 o 3 chiles verdes (si no tienes, usa alguna salsa que te haya sobrado de los tacos)

– Un poco de hierbas aromáticas que tengas (yo usé romero, pero puedes usar cilantro, perejil, tomillo… )

– chorrito de aceite de olivo

– 300 gr de chicharrón (si eres vegetariano, puedes hacerlo con una mezcla de hongos y setas, queda deli)

Pon a hervir los tomates con los ajos, los chiles, la cebolla y las hierbas aromáticas hasta que cambie el color del tomate y quede como cafecito. Licúa el contenido con un poco del agua de la cocción.

Puedes usar también jitomate o mitad y mitad

A parte, limpia y pica tus setas. Recuerda que para limpiarlos debe ser con un paño húmedo. No las pongas en el chorro de agua, porque se hacen feo.

En una olla calienta el aceite y vacía la salsa. Si vas a usar remanentes de otras salsas que tienes de los tacos que cenaste, ponlos también (yo siempre guardo esos poquitos de salsas que son súper útiles para cocinar).

Parte el chicharrón en pedazos y coloca en la olla junto con las setas. Tápalo unos minutos y deja que el vapor haga su magia. Et voilà. Sirve con sus tortillas bien calentitas.

Si vas a recalentar, pon un poco de agua para que no se pegue

El tiempo de preparación es de alrededor de 30 minutos (desde que saqué los ingredientes hasta que estuvo listo para servir).

Te dejo el playlist que escuché mientras lo preparaba. Xoxo, D.

  • Smells like teen spirit – Nirvana  5:01
  • In bloom – Nirvana  4:15
  • One – U2  4:36
  • Alive – Pearl Jam  5:40
  • Always on the run – Lenny Kravitz  3:53
  • Innuendo – Queen  6:33

A un año de nuestra despedida…

Fuiste mi inseparable compañero desde la adolescencia. En las buenas, en las malas y en las miserables. Podía contar contigo para darme ánimos, para quitarme el miedo o la ansiedad, y para coronar alegrías.

A veces me llegan ataques de nostalgia y te pienso. Luego caigo en veinte de que no te extraño a ti en concreto, sino una época o mi versión más juvenil.

A veces me acompañabas también en mis días deportistas. Nos veíamos después de una cascarita o de un partido de basquet. En los últimos años, a veces saliendo del gimnasio. Estuviste en cada desayuno, cada comida y cada cena.

El cigarro trae un simbolismo muy fuerte para mi: rebeldía, poder, masculinidad, hedonismo. Como todo fumador, me sabía hasta el cansancio los riesgos a la salud, el costo económico y demás clichés a los que recurrían los que me querían convencer de que no fumara. Ni todos los argumentos, ni todas las imágenes en las cajetillas podían convencerme de lo contrario.

Dejar de fumar es igual de íntimo que empezar a hacerlo. Es una decisión que no nace de la lógica, nace de algo más subjetivo, de algo imaginario.

Yo fui una fumadora que verdaderamente disfrutaba de fumar; me dio grandes recuerdos y grandes historias, como el día que me abordó un vagabundo para pedirme un cigarro sobre Av. Ejército Nacional. Yo muy entaconada y arreglada, venía saliendo de una entrevista de trabajo para una ONG. Eran como las 7 pm y me disponía a fumar un cigarro antes de tomar el taxi que me llevaría a casa. Se me acercó “Alfonsito”, con quien compartí una plática de media hora mientras me contaba de la vida en la calle, me daba tips para mejorar el sabor del tabaco y me preguntaba sobre mi vida. Me sugería que trabajara para comprarme una casa en Miami. La gente se me acercaba para preguntarme si estaba todo bien o si necesitaba ayuda, les causaba extrañeza verme riendo y conversando con un hombre con los pantalones rotos, cara llena de hollín y sonrisa chimuela. Se despidió de mi para proseguir su camino errante dándome las gracias por una plática tan amena y me dijo que se llamaba Alfonsito.

A un año de dejar de fumar lo recuerdo con algo semejante al cariño, pero me siento feliz de que no sigamos juntos. No decidí dejarlo por salud ni por economía. Decidí dejarlo porque simplemente ya no íbamos bien juntos. Así, separados, estamos mejor.

Xoxo, D.

Dime qué escuchas y te diré quién eres

Era el año de 1989. Cada vez que sonaba The Ramones, agitaba mi pequeño puño en el aire y pedía que pusieran otra vez “Rock’nRoll High School”. Ese es mi primer recuerdo musical y sería un factor para definir mi personalidad el resto de mi vida.

La música es probablemente uno de los filtros sociales que guiarán nuestra afinidad hacia el clan al que pertenecemos. Es colador, es adhesivo, es metáfora, es pretexto.

El rompehielos universal para iniciar alguna conversación, amistad o amor: “y tú ¿qué música escuchas?”. La sonrisa cómplice como ademán aprobatorio por la similitud de gustos, o el incrédulo ¡ah, órale! por ser políticamente correctos y no externar nuestro desagrado (y prejuicios).

La música quizás sea la mejor compañera que tendremos en nuestra vida. Es más, para muchos de nosotros siempre estará presente, no matter what. “Dime qué escuchas y te diré quién eres”… y así etiquetamos a la gente por su estación de radio predilecta -procuro limitar relaciones con quienes gustaban de Toño Esquinca- o por su conteo anual de Spotify.

Nuestro consumo auditivo, sin darnos cuenta, se convierte en una radiografía de quiénes somos, de nuestra identidad. Lo que subyace en esas preferencias no son los géneros musicales en sí; son las emociones y los rasgos psicológicos; las memorias, los contextos, las creencias, incluso, los temores e inquietudes.

Disfrute estético, control de emociones, mitigación de soledad, aumento de productividad y mejoramiento cognitivo, son algunas de las razones por las cuales escuchamos música.

Yo simplemente me dejo llevar a otra dimensión, en la que solo existimos ella y yo. Me dejo penetrar por los ritmos y le permito derramar en mi su esencia. Así de íntimo es el acto de la apreciación musical. Les presto mi playlist para levantar mi ánimo en días grises.

Xoxo, D.

Controla los ataques de pánico

¿Qué te pasa cuando tienes un ataque de pánico? Y cómo vivir con ellos sin que sean una pesadilla

He pasado por muchos ataques de pánico desde que tengo 17. Era tan común para mi, que aprendí a leer los síntomas. Esto me ha permitido:

1) Saber que estoy teniendo un ataque y que no voy a morirme (porque así se siente)

2) Utilizar técnicas de respiración para disminuir los síntomas. Hay un ejercicio de visualización en el que respiras al mismo tiempo que dibujas un cuadrado con tus dedos. En cada borde inhalas o exhalas y lo realizas por un par de minutos. Hay otra técnica en la que describes 5 objetos que observas, 4 sonidos que escuchas, 3 olores, 2 texturas y 1 sabor que sientes.

3) Tener un plan de emergencia por si los ejercicios fallan. Usualmente cuando siento los síntomas de “no retorno”, tengo de 10 a 15 minutos antes de entrar en crisis. En ese tiempo identifico algún hospital cerca. Si estoy acompañada, explico que estoy por tener un ataque de pánico fuerte y que necesitaré de su ayuda para repetirme que respire y que pasará pronto.

¿Cómo llevó mi vida con ataques de pánico?

En mi vida pre contingencia, había veces no podía ir a algún evento social. Me venía la sensación de que algo muy grave ocurriría si iba. Cuando sentía eso, no me obligaba a ir. El cancelar un compromiso me ayudaba a bajar la taquicardia. La regla aquí era no permitir que sucediera siempre. Obligarte a salir es importante para comprobar que solo es tu ansiedad. Sobretodo en esta época en la que se suma la necesidad de la sana distancia.

Tip de oro: Si vas a cancelarle a alguien importante para ti, explicar por lo que pasas ayuda a evitar malos entendidos (y te sigan invitando). Es difícil, sí, pero aligera la carga de tus emociones. La gente que te quiere lo entenderá y seguirá ahí para cuando pase la racha.

Date permiso de sentir

Construí la imagen de ser una persona muy fuerte por lo que me cuesta mucho hablar de mis emociones. No suelo llorar en público y hasta me cuesta hacerlo en privado. Cuando necesito hacerlo, veo series o películas lacrimógenas que me dan el pretexto. Llorar te permite hacer catarsis y te limpia el alma.

Si es algo ya recurrente, busca ayuda

Conforme fui creciendo, aprendí que los ataques de pánico son más comúnes de lo que creemos, pero muchos no saben que lo padecieron. Si comienza a sucederte con cierta regularidad, es importante buscar ayuda, de preferencia psiquiátrica (no, no son loqueros, quita esa idea absurda).

¿Cómo sabes que es un ataque de pánico?

Hay varios recursos online que te permiten conocer los síntomas. Yo he tenido de todo tipo: taquicardia, hormigueos, hipertensión, dolor punzante en el brazo (tipo infarto), sensación de que vas a morir… hasta parálisis facial y vómito. Sí, es algo HORRIBLE, pero con técnicas adecuadas y ayuda profesional, se puede controlar.

Xoxo, D.

5 Tips de limpieza del hogar en cuarentena

Una de las pláticas más recurrentes que he tenido en cuarentena es ¡los trastes nunca se acaban de lavar! Y sí, ha sido una labor titánica el mantener el hogar a flote al mismo tiempo que nuestra cordura.

1. Delega las cosas que más aborreces

Estoy de tiempo completo en home office y por eso he ahorrado dinero en transporte y comida. Parte de ese dinero lo he destinado a facilitarme la vida llevando mi ropa a la lavanderia. Tengo tanta paz mental al recibir mi ropita lavada, doblada y sin pelo de gato, lista solo para guardar. Analiza qué podrías delegar: ¿cocinar? Quizás valga la pena ver si algún vecino te puede preparar comida diaria.

2. Invierte en tecnología para el hogar

Tengo 3 gatos y el pelo es una locura. Invertir en una aspiradora robot fue la mejor decisión ever. Todos los días aspira y hasta he reducido mi alergia. Yo tengo la Xiaomi Mi Robot Vacuum que pedimos por Aliexpress, pero el mercado ofrece ya una oferta de aspiradoras robot para todos los bolsillos. ¿Trastes sin fin? Hacerte de un lavatrastes no sería una mala idea.

3. Busca productos de limpieza que te acomoden

Es común que consumas las marcas que usaba tu mamá. Parte costumbre, parte nostalgia. Yo he estado migrando a marcas de bajo impacto ecológico, que me han dejado muy satisfecha. Una de ellas es Desplastificate que tiene planes de suscripción mensual a domicilio (solo en CdMx por el momento). En Canasta Rosa también puedes encontrar muchas marcas con envío nacional.

4. Pon a la química de tu lado

Hay veces que no es necesario comprar algún producto especializado y basta solo con recordar nuestras clases de química de prepa. ¿Te quedan los trastes oliendo a choquía? (ese olor a huevo). Pon con tu jabón una mezcla de vinagre con bicarbonato de sodio (¡ojo! No lo mezcles nunca con cloro). ¿Manchas de sangre en la ropa? Enjabona y pon agua oxigenada sobre la mancha. También hay reacciones que debes evitar: jamás mezcles pinol y cloro. Es más, jamás mezcles el cloro con nada. Te recomiendo un libro maravilloso de química para el hogar.

5. Date permiso de vez en cuando

Tener una casa limpia es un must para muchos de nosotros. Ayuda al estado de ánimo y a tener menos estrés visual. Además, la higiene es aún más importante por la pandemia que vivimos. Hay veces que el cansancio es masivo o simplemente quieres dedicar tiempo al ocio, y eso está bien. No te culpes si dejaste ropa sin guardar, lo podrás hacer al día siguiente. El descanso es necesario para una vida integral. El ser víctimas del “tengo que ser productivo siempre” nos enferma. Relájate, toma el sol, acuéstate, ponte a hacer absolutamente nada. Eso sí, que tampoco sea de todos los días. Tener una casa organizada da un boost anímico impresionante.

¿Qué tips has descubierto tú?

Xoxo, D.

De-Construyendo la femineidad

Me hice presa de mi género. De la aprobación constante, del rol que me tocó jugar. Todo comenzó por el inicio. Ese XX que me condenaría a un destino aparentemente escrito. Mis hermanos, todos hombres; toscos, bruscos, masculinos. Yo era la luz de mi madre, la delicadeza. Ese vínculo que por fin tendría con la femineidad; las zapatillas de ballet, los vestidos de tul, las trenzas. Poco le duró el gusto. Me llegó primero el amor por el lodo y los charcos, por el cabello despeinado y las rodillas raspadas. 

Crecí aborreciendo el rosa y los encajes, el maquillaje, las zapatillas. Ahora que lo pienso, en secreto siempre los quise, pero yo no podía quererlos, yo no era una niña. Yo no quería, o debía querer ser una niña. Una niña quería ser princesa; yo nunca fui la princesa de nadie; yo nunca dejé que alguien me hiciera su princesa. Una niña se preocupa por verse bonita; yo no me sentía bonita y nadie me llamó bonita hasta que fui adolescente. Yo era inteligente, a mi me halagaban la inteligencia desde niña -y hasta la fecha. Una niña soñaba con su príncipe azul, con su vestido de bodas y con ser madre; yo soñaba con ser autosuficiente, con un Jeep, viajar por el mundo sin echar raíces en ningún lado y una casa a la que llegar a dormir. 

Durante muchos años, me fui repitiendo una y otra vez esos mantras. Era parte del ritual aborrecer públicamente las cosas de niñas. Era parte del ritual erigirse como una súper mujer, la que no es como las mujeres convencionales. La que no quiere ser esposa, ama de casa ni madre. La que no hace el amor y coge. La que es realista y no vive alimentando fantasías. La que no sueña con ir a París. La que no lee revistas de belleza. La que es cínica y directa. El día que me di cuenta que quería casarme lloré, lloré mucho. 

Aún recuerdo el día que se vinieron abajo todos esos mantras. Estaba sentada en la sala, cosiendo una colcha con plumas de ganso (una escena muy irónica). Yo estaba llena de plumas, y es que las malditas seguían saliendo por más que cerraba los agujeros. No pude más y me quebré. Mi terapeuta me decía que lloraba ante mi imagen de mujer victoriana. Me di cuenta de que al estar ahí sentada, cosiendo, era un ama de casa. ¿Y el glamour y la seducción de la súper mujer? Era también una historia romántica sobre la nueva femineidad.

Nos compramos el cuento de que, de entrada, tenemos que ser esas súper mujeres: buenas en casa, buenas en el trabajo, buenas amigas, madres, amantes, esposas… Han sido muchos años de trabajo conmigo misma para poner las piezas de esas cosas a las que siempre renuncie ¿y saben qué? Que muchas de ellas me encantan. Disfruto enormemente aprender cada día un poco más sobre maquillaje, a tener mi casa linda, a experimentar con la ropa, a investigar sobre ciencia, a jugar videojuegos, a apasionarme por mi trabajo y tirarme en cama con mis gatos. Soy buena para algunas cosas, mala para otras y de vez en vez, por falta de tiempo o práctica pierdo la habilidad que tenía en una cosa para ganarla en otra. Y está bien.

Puedes ser mujer, lo que quiera que eso signifique para ti. Y si no quieres serlo, está perfecto también.

Xoxo, D.

La nueva normalidad

Mucho hemos escuchado ya sobre las dinámicas de la – ya no tan nueva- normalidad fuera de casa, pero… ¿Y dentro de ella?

Para mi ha sido una fase de reconectar con mi hogar y verdaderamente habitarlo, no solo llegar a dormir aquí. Me di cuenta de esas cosas de las que no era muy fan, pero que eran funcionales (un horrible bote de basura amarillo en el baño). Viéndolo de vez en cuando, meh, pero verlo todo el día, todos los días hizo que me temblara el ojo.

Observa tu espacio con otros ojos

Desde que la pandemia comenzó, empecé a soñar mucho con una casa abandonada que se supone era mía. Las primeras veces iba a recoger solo la correspondencia y a barrer. Yo creo que al menos una vez por semana soñaba con la casa. De repente empecé a limpiar los estantes, luego a arreglar el jardín. La última vez que soñé con la casa, compré y acomodé una vajilla nueva. La casa nada parecía ya a la del principio. Incluso el pasto del jardín era verde. La relación más obvia, es la de poner manos a la obra en casa; en un sentido más introspectivo, esa casa soy yo misma, reconstruirme a mi misma (pero eso será para otro post).

¿Puedo cambiar las cosas? ¡Puedo cambiar las cosas!

1. Pela los ojos y analiza tu casa como cuando analizas la casa de alguien que no te cae tan bien (así sí hasta el mínimo detalle encuentras).

2. Yo fui analizando cuarto por cuarto para no sentirme overwhelmed y que en lugar de querer arreglar, huyera.

3. Cambia esas cosas dependiendo de tu necesidad ACTUAL, no la del pasado, y mucho menos, la del futuro. Yo tenía cosas que me regalaron cuando me mudé (hace casi 10 años) y que no me encantaban, pero el dinero escaseaba. Ahí yo necesitaba las cosas por funcionalidad. Ahora que estoy en un punto muy distinto, mi necesidad es estética: cosas lindas que se coordinen entre sí. Me estoy centrando en darle una personalidad concreta a mi casa, un mood.

4. Si está roto o ya no sirve, sácalo de tu vida, no lo necesitas.

5. Si nunca lo usas, sácalo de tu vida, no lo necesitas.

6. Si lo tienes guardado porque “puede ser útil en el futuro”, ¡¡sácalo de tu vida, no lo necesitas!! Aaah, ¡Cómo nos encanta guardar fregadero y media! Dejar ir es un ejercicio de amor propio. Proyectamos en los objetos – y en la gente- nuestros miedos e inseguridades.

7. A veces no necesitas algo nuevo, solo cambiarlo de lugar. Un acomodo nuevo te da un vibe completamente distinto.

8. Que se te dibuje una sonrisa al entrar a ese “nuevo” espacio. O puedes suspirar. O tu piecito puede hacer “pop”.

9. Disfruta el proceso. Como todo en esta maldita vida, prueba y error. No te frustres (o si te frustras date un break y otro día le sigues) y que sea una actividad que disfrutes. Es TU espacio y todo se vale.

10. Lo que saques de tu vida, y de tu casa, si es útil, regálalo, dónalo o véndelo, según sea tu necesidad. Se vale vender las cosas, no todo debe ser caridad (reconoce tu esfuerzo para adquirirlas) y no todo es dinero (donar y regalar te da una sensación de gratitud muy bella). Seguro algún recién mudado lo agradecerá (y lo mantendrá por 10 años).

XOXO, D.

First things, first

Desde hace muchos años tenía la inquietud de empezar un proyecto personal.

Con la revolcada que nos ha dado el 2020 no sólo caímos en cuenta de lo vulnerables que somos, sino que también nos dimos cuenta de la fugacidad de la vida y de que el control que creíamos tener es solo una quimera.

Para muchos de nosotros ha sido un llamado a repriorizar objetivos y expectativas y a poner en primeros lugares lo que queremos que esté en primeros lugares.

Tatami es ese pedacito que postergué por muchos años: falta de conocimiento, falta de confianza, falta de tiempo. Con esto busco explorar todas aquellas cosas que facilitan y mejoran mi día a día: lifestyle, tecnología, pensamientos al aire.

Bienvenidos, sean. Xoxo, D.

Aquí viendo cómo se me acaban los pretextos para comenzar tatami