La odisea de pasar de la talla 5 a la 13

Que si el cambio de hábitos, que si las hormonas… El punto es que en 20 años he recorrido todo el espectro de tallas comerciales de ropa. Pasé del «estás muy flaca» al «estás muy gorda» sin haber pasado por el «estás muy bien».

Quienes me conocen de un par de años para acá no saben que hasta los 22-23 fui talla 5. Pesaba 48 kilos para mis 1.66 pero yo jamás me percibí a mi misma como alguien muy delgada.

Recuerdo que me repetían hasta el cansancio que «debía» de subir de peso. Los comentarios más comunes que escuchaba eran que mis bracitos ñangos, que tenía cuerpo de niña, que estaba toda huesuda. Tuve un novio en esa época que me decía que con la ropa holgada me veía gorda y que me vistiera con ropa ceñida para que vieran todos que sí era flaca. Toda prenda que yo compraba debía ser aprobada por él.

Salí de universidad y mi estilo de vida cambió drásticamente. Empecé a pasar más tiempo sentada en el transporte, en el trabajo y a llegar a casa solo a dormir. Empecé a conocer un estrés muy distinto al que había conocido de estudiante. Usaba anticonceptivos químicos. Recuerdo muchísimo un día que subí a la báscula y pesé 56 kg. No fui consciente de que mi cuerpo estaba cambiando porque como les decía, nunca me sentí alguien delgado. Además como me fastidiaban tanto con que estaba muy baja de peso, así quizás me dejarían de molestar.

Un día me encontré a un amigo de preparatoria que al verme lo primero que me dijo fue «Tú no estabas así». ¿Qué era «así»? Dejé que él y toda la gente que me conocía de antes llevará la conversación de la comparación de mi cuerpo. Ese era el tema central, no qué había estudiado, no dónde trabajaba, no. Todo quedaba subordinado a mi peso.

Así desde la talla 7 y 9 yo ya era gorda. A los 25 me mudé de casa de mis padres. Empecé a encontrar un disfrute en la comida que jamás había tenido. Comer en la calle y en restaurantes empezó a ser un gusto que me traía un enorme placer. A los 27 me diagnosticaron con depresión crónica y le metí freno de mano a mi vida. Dejé de trabajar y pasé 5 meses dormida, literal. No salía de cama. Pararme era todo un reto, ni se diga bañarme y salir. Entre los antidepresivos y la terapia psicológica que comencé a tomar (y que aún llevo) fuí regresando a la vida poco a poco, pero un año de inactividad laboral obviamente devastó mi economía. Dentro de los recortes estuvo el dejar de comprarme ropa. Un día mi mamá me llevó a comprar pantalones y mi talla usual no me quedaba. Tuve que comprar talla 11. Eso para nada ayudó a mi proceso anímico. El tema central de las conversaciones fue sobre mis cachetes y mi panza sin saber que lo principal para mí era batallar diariamente con mis ideas suicidas (sí, así).

A los 29 entré a la maestría y comencé un proceso de 1 año para bajar de peso. Bajé alrededor de 12 kilos y regresé a la talla M. Empecé a trabajar como YouTuber para una marca de videojuegos y los primeros comentarios que la gente ponía fueron sobre mi aspecto: gorda, fea, machorra. Fue un proceso bien difícil ver cómo cientos de comentarios de gente que no me conocía y que no sabía nada de mi emitían un juicio sobre mi cuerpo. A los 32 ya había recuperado el peso que perdí y eso me dió tanto coraje. Era ese fracaso el centro de mi atención. No los logros que había tenido, no la mención honorífica en mi maestría, o las becas a otros países, no todo lo que estaba logrando a pesar de la depresión, no. Me pesaba más un número.

Un año en confinamiento me ha llevado al último espectro de las tallas convencionales, la 13. Una talla que ha sido muy complicada de encontrar y que sea verdaderamente una talla XG. He estado haciendo un esfuerzo constante para no dejar que eso sea lo que me define y cambiar la historia hacía todas las cosas maravillosas que he logrado. Antes tenía la costumbre no comprar tantas cosas de mi nueva talla para «no estar demasiado cómoda en ese nuevo número». Qué cosa tan más agresiva. Tener a tu cuerpo ajustado a ropa incómoda, como si fuera un castigo por crecer, por ser dinámico, como la vida misma. Veinte años me ha tomado hacer la reflexión de que he estado centrada en la conversación incorrecta. No voy a mentir diciendo que me encanta la nueva forma de mi cuerpo, pero esta vez sí me estoy permitiendo conocerlo. Sería este proceso más sencillo si las marcas hicieran esas prendas trendies y glamorosas en todos los tamaños y así permitirnos explorar nuestro cuerpo para amarlo con lo que nos gusta y no con lo que nos queda, culpándolo por no dejarnos lucir ropa bonita.

Xoxo, D.

Netflix and not chill: la insatisfacción del binge watching

Para mí elegir qué ver se ha vuelto una actividad muy desgastante, tanto, que de plano ya prefiero no ver tv y ahorrarme la frustración.

¿No les pasa que tienen la sensación de querer que todo lo que vean sea el nuevo Breaking Bad? A mí sí, y cuando terminaba viendo algo solo por ver, me quedaba una insatisfacción inmensa. De entrada seleccionar el servicio de streaming: Netflix, Prime, Disney Plus (los que yo tengo).

Muchas veces termino tirando la toalla después de prácticamente 30 o 40 minutos invertidos en elegir programa; si tengo tiempo para ver una película, ya solo me queda el suficiente para ver un capítulo de alguna serie.

Al darme cuenta de que en Netflix hay una categoría de binge watching (maratones interminables), sentí entre tristeza y pena. Quizás no todo lo que hagamos tenga que tener «el» propósito, pero quemar tiempo por quemar me parece una salvajada.

Algo necesario para mí fue el poner reglas al elegir algo:

  • Cuando voy a un restaurante y leo un platillo que se me antoja en el menú, lo dejo de seguir leyendo. Igual al seleccionar un programa.
  • Si en 5-10 min máximo no he encontrado nada, apago la tv y hago otra cosa.
  • Si tengo muchas ganas de ver algo y no sé qué, busco el nombre de alguna actriz o actor y veo lo que salga, así random.
  • Veo 5 minutos de «ese random» y si no me gusta, lo quito (heredado de esa necesidad de acabar de leer un libro que no estoy disfrutando solo por acabarlo).
  • Tener un programa de backup que simplemente me ponga de buen humor aunque lo haya visto muchas veces. Para mí: Seinfeld, Friends, The Office, Mad Men.

Ni tenemos que chutarnos todas las series de moda, ni todo lo que vemos tiene que ser un descubrimiento. Disfrutemos también de ver cosas que hemos visto hasta el cansancio (yo, Beetlejuice y Mean Girls).

Xoxo, D.

La odisea de la masturbación femenina

Hablemos del elefante blanco que es la masturbación femenina.

Cuando era niña mis padres me explicaron sobre sexualidad de una forma clara y completa. Cuando jugaba Barbies mis amigas se sacaban de onda de que yo les abriera las piernas a las muñecas para que dieran a luz «por parto natural» y me acusaban con sus mamás. Empezó a ser notorio cómo cada quien traía un contexto distinto. Yo, hija de científicos, sabía de pe a pa el ciclo reproductivo. Pero ¿Y qué pasa con el placer? Ah, esa es otra historia.

Sabía cómo una relación sexual era necesaria para concebir un bebé, pero jamás me dijeron que se podía disfrutar sin fines reproductivos y que había un placer sexual. No solo en casa, tampoco en la escuela. No escuché nunca a nadie hablar sobre placer sexual femenino como hasta los 22 o 23 en una revista de Veintitantos.

En secundaria era común que en clase de biología se hablara de masturbación (masculina) y hasta había prácticas de laboratorio para ver espermatozoides frescos y tibios con el microscopio. ¿Pero qué pasaba? ¿Por qué tanto secreto, tanta invisibilidad?

Yo descubrí la masturbación por accidente. Un rozón accidental que se sintió muy bien. Sensaciones que nunca antes había tenido. Y como me han dicho que todas las cosas que más disfruto, como los dulces son malos, seguro algo que se siente tan bien debía ser malo. Y ahí empezó la culpa, la vergüenza conmigo misma. Cada vez que me tocaba, me regañaba a mi misma por dejarme caer ante la tentación y me castigaba quemándome las puntas de los dedos. Sí, así de radical como lo leen. Así estuve prácticamente uno o dos años de mi vida.

Fue un descubrir muy solitario, porque nos educan a decir «guacala los genitales (femeninos)» y cuando empezaba a investigar con amigas para ver si ellas sentían «algo», me decían que qué asco. Ya no me acusaban con sus mamás pero igual me sentía como si hubiera algo malo conmigo. Todavía en universidad tenía amigas que jamás se habían masturbado.

Para mí la masturbación es un ritual de autocuidado tan importante como lavarme la cara o cepillar mis dientes. El haber descubierto lo que me era placentero desde chica fue muy relevante para mis relaciones sexuales, en donde yo no me adapté a lo que alguien más me decía lo que debía sentir, sino que yo misma podía decir qué me gustaba, que no me gustaba y cómo.

Es un momento de intimidad contigo misma donde se vale de todo; desde arreglarte de forma especial o ponerte lencería para ti, hasta hacer un entorno con luz y música atractiva. Es un ejercicio, que al igual que el sexo, tiene una gama de opciones infinitas. Incluso el cambiar de cuartos en tu casa para hacerlo, o probar posturas distintas. No hay exploración más bella que la de una misma.

Xoxo, D.

Me dejé crecer el vello del cuerpo

Cuando empezó la cuarentena decidí dejar crecer el vello de mis piernas y de mis axilas. Total, no estaba saliendo, nadie me veía y aprovechaba para dejar mi piel descansar.

Me depilo desde que tenía 13 años. Soy muy velluda y siempre me acomplejó mucho eso, por lo que me quitaba el vello de brazos, piernas, axila, bigote y me dejaba lisa cuál foca.

Hace como 8 años dejé de depilarme los brazos, y aunque al principio fue muy raro para mí, rápido me acostumbré. De repente me gustaban mucho mis brazos (a la fecha me encantan).

Después de tantos años de rasuradas, cera, cremas y demás, los pelitos enterrados y la piel irritada eran comunes en mi día a día, por lo que darle un break a mi cuerpo me pareció una gran idea.

Lo primero que noté fue la suavidad que empecé a tener, sobretodo de las axilas. Me daba mucha pena salir a la calle si tenía que salir a la tienda o a tirar basura, y me cambiaba por prendas de manga larga y pantalones, quesque para evitar la mirada incómoda.

La prueba de fuego para mí fue el traje de baño frente a familia, y aunque al inicio sí los ví con intriga, también se fueron acostumbrando a medida que yo me fui sintiendo más cómoda. No saben lo feliz que estaba con mis vellitos.

Hace poco con la llegada del calor, usé un vestido que me gusta mucho, pero me gusta más con las piernas sin vello. Ah, caray. Al principio sentí que estaba fallando a mi principio de mujer empoderada al querer depilarme, pero no; la decisión radica en hacer las cosas para mi, y al final del día el vello del cuerpo es como el cabello o la barba: tú decides cuándo lo cortas y cómo lo traes. Si en algo te sientes más cómoda depilada, hazlo, si te quieres dejar crecer el vello, hazlo también. No es como que rompas ese statement, al contrario, el statement es haz lo que quieras.

Si alguien te ofende, fuck it, el problema es de esa persona, qué se quede con esa incomodidad. Tú cuerpo, tú decisión.

Xoxo, D.

Tuve Covid-19 ¿Y luego qué?

Te cuidas, te contagias, aprendes que no puedes controlarlo todo ¿Y luego, qué?

Quiénes son cercanos a mi saben que desde que comenzó esto, he sido extremadamente cautelosa, tanto en guardar aislamiento como en la sanitización de mi casa y lo que entra a ella, rayando en lo obsesivo, he de confesar.

A principios de febrero me contagié. Pese a todos los cuidados hubo algo que estuvo fuera de mi control, y como me dijo una amiga «esto es una pandemia, tú haces lo más que puedes de tu parte, pero no puedes controlarlo todo.»

Ante esta situación ¿Qué pude controlar entonces? El tener atención médica desde el principio, el cuidar mi alimentación, el vigilar mi consumo digital, el prestar atención a cada cambio y síntoma de mi cuerpo y a darle la importancia que merecía al reposo para recuperarme. Digo, ahora ya lo puedo ver así, en ese momento no.

Algo que googlee mucho fue cómo regresar al trabajo después de la incapacidad. No encontré nada. Yo buscaba tips, experiencias personales, un algo, y como no lo hallé, decidí escribirlo, mes y medio después de mi contagio.

Lo más importante para mí, y complicado, fue el tenerme paciencia. Al menos en mi caso, después de recuperarme, mi cuerpo no está en las mismas condiciones que antes de enfermar: soy más lenta, menos ágil mentalmente y me canso más rápido. Una de mis secuelas es que olvido palabras o pierdo el hilo en conversaciones (ya cada vez menos, pero aún) y eso me frustraba mucho. Me ayudó el ser transparente con mis compañeros de trabajo y decirles tal cual «se me olvidan las palabras, ustedes ayúdenme». No hay por qué fingir que todo es igual. Llegué a cancelar juntas porque me sentía agotada mentalmente y me cansaba de hablar mucho.

Algo que aprendí, es que como muchos ya pasaron por esto, empatizan contigo cuando dices «me pasa esto», y ellos mismos te apoyan y te dan consejos de su experiencia. Es muy importante dejarse ayudar, sobretodo quiénes tenemos tendencia a querer hacerlo todo.

No te exijas de más. Tu cuerpo te va a ir diciendo hasta dónde. No regresé de tiempo completo, la primer semana estuve como medio tiempo porque quedaba exhausta. Descansar mucho también ha sido vital para mí: dormir más temprano, tener siestas, lo necesario para reponer energía.

Me deshidrato con más facilidad, me apoyo de sueros de vez en vez. Elige lo que es verdaderamente más importante. ¿Para mí? Era ver a mis papás a quienes no veía desde noviembre, así que en cuanto fue seguro, con todo el cuidado fui a verlos y a disfrutarlos inmensamente.

He procurado estar saliendo a caminar, y aunque no puedo ir tan rápido como antes porque me agito con mucha facilidad, cada día puedo un poco más. El primer día caminé solo como mil pasos, con descansos intermedios; mes y medio después, ya puedo caminar como 3 km de forma continua.

Tú eres lo más importante, busca sentirte y estar bien, lo que eso signifique para ti. Date permiso de sanar física y mentalmente.

Xoxo, D.

Review: Trapeador de vapor Shark Steam Pocket Mop

Trapear es de las cosas que más flojera me dan en esta vida, por lo que si encuentro algún gadget que me ayude a reducir el tiempo y esfuerzo en esta labor, bienvenido. 

Compramos la mopa de vapor Shark Steam Pocket Mop a inicios de la pandemia en una oferta de Amazon, por lo que hemos podido usarla a fondo.

Yo no conocía la marca Shark, pero es una marca que se ha especializado en este tipo de productos. Este modelo es de los más sencillos de su oferta. 

El agua se deposita en el compartimiento central sellado con taparosca

Modelo: S3501 – morado

Pros:

  • Limpieza a base de vapor de agua por lo que no necesitas ningún producto adicional para limpiar ni desinfectar. Hacer uso de estos, puede dañarlo. 
  • Al no usar productos, es más sustentable y zero waste friendly (menos envases, principalmente de plástico) 
  • Tiene una mecánica en la que el mismo impulso que usas para jalar la mopa bombea el vapor, por lo que no requiere gran esfuerzo adicional. 
  • Trae un cable bastante largo que no necesitarás conectar y desconectar en cada cuarto. 
  • Puedes limpiar con ambos lados de la mopa. Su cabezal rota 180°. 
  • Buena traxión en pisos de distintos materiales: cerámica, loseta, madera, alfombra… 
  • Fácil de usar. Sí noté una reducción de tiempo considerable de trapeado. 
  • Ayuda a sacar manchas medio penetradas en pisos y alfombras.
  • No tienes que estar enjuagando la mopa como cuando usas mechudo o jerga. 
  • De uso semi rudo. Se me ha caído un par de veces, y todo bien. 

Contras:

  • Utiliza una almohadilla especial, por lo que no puedes usar cualquiera. Si se gasta hay que reemplazarla. 
  • La almohadilla debe retirarse después de cada uso y lavarse para prolongar su vida. 
  • El cable… Si eres super wireless en tus productos, sentirás un poco de incomodidad. 
  • No es pesada, pero tampoco es ligera. Tiene un peso de 7kg según sus especificaciones. 
  • Debes desconectarlo para apagarlo, no tiene botón de prendido-apagado. 
  • Costo elevado para un trapeador: alrededor de $1000, yo lo compré en oferta a $600. 

Consideraciones:

  • Si bien usa repuestos de almohadillas, estas no son caras. Hay paquetes de 4 o 6 por $300-$400. 
  • La almohadilla que tengo lleva 8 meses con uso moderado (1 vez por semana). En realidad lo que se gastó fue el velcro. Colocamos un botón para recuperarla. 
  • Debes aspirar o barrer súper bien antes (esta es regla general para trapear hasta con jerga). 
  • Lo puedes encontrar en Amazon, Liverpool, Mercado Libre (ojo, aquí hay algunos muy por encima del precio). 
Puedes prolongar la vida de tu mopa con ajustes de costura
Veredicto: 4 de 5 estrellas. Sí lo recomiendo. 

Xoxo, D.

Recetas para el adulting: Chicharrón en salsa verde

Hay clásicos de la cocina mexicana que son extremadamente fáciles, baratos y muy rendidores.

Sin duda, mi favorito de los tacos de guisado, es el chicharrón en salsa verde, y cuando trae algo de carne pegada al cuero ¡ufff!

A mi me gusta darle un twist a las recetas clásicas, no sólo por hacer una versión más mía, también porque me permite ocupar lo que tengo en la cocina y así evitar desperdicios; SIEMPRE le pongo ingredientes sorpresa que tenga a la mano.

4 porciones (bien servidas). Costo total: $87 Tiempo: 6 canciones

– 10 tomates verdes

– 300 gr de setas picadas (u otro tipo de hongo… no, de esos no)

– 3 dientes de ajo

– 3/4 cebolla chica

– 2 o 3 chiles verdes (si no tienes, usa alguna salsa que te haya sobrado de los tacos)

– Un poco de hierbas aromáticas que tengas (yo usé romero, pero puedes usar cilantro, perejil, tomillo… )

– chorrito de aceite de olivo

– 300 gr de chicharrón (si eres vegetariano, puedes hacerlo con una mezcla de hongos y setas, queda deli)

Pon a hervir los tomates con los ajos, los chiles, la cebolla y las hierbas aromáticas hasta que cambie el color del tomate y quede como cafecito. Licúa el contenido con un poco del agua de la cocción.

Puedes usar también jitomate o mitad y mitad

A parte, limpia y pica tus setas. Recuerda que para limpiarlos debe ser con un paño húmedo. No las pongas en el chorro de agua, porque se hacen feo.

En una olla calienta el aceite y vacía la salsa. Si vas a usar remanentes de otras salsas que tienes de los tacos que cenaste, ponlos también (yo siempre guardo esos poquitos de salsas que son súper útiles para cocinar).

Parte el chicharrón en pedazos y coloca en la olla junto con las setas. Tápalo unos minutos y deja que el vapor haga su magia. Et voilà. Sirve con sus tortillas bien calentitas.

Si vas a recalentar, pon un poco de agua para que no se pegue

El tiempo de preparación es de alrededor de 30 minutos (desde que saqué los ingredientes hasta que estuvo listo para servir).

Te dejo el playlist que escuché mientras lo preparaba. Xoxo, D.

  • Smells like teen spirit – Nirvana  5:01
  • In bloom – Nirvana  4:15
  • One – U2  4:36
  • Alive – Pearl Jam  5:40
  • Always on the run – Lenny Kravitz  3:53
  • Innuendo – Queen  6:33

A un año de nuestra despedida…

Fuiste mi inseparable compañero desde la adolescencia. En las buenas, en las malas y en las miserables. Podía contar contigo para darme ánimos, para quitarme el miedo o la ansiedad, y para coronar alegrías.

A veces me llegan ataques de nostalgia y te pienso. Luego caigo en veinte de que no te extraño a ti en concreto, sino una época o mi versión más juvenil.

A veces me acompañabas también en mis días deportistas. Nos veíamos después de una cascarita o de un partido de basquet. En los últimos años, a veces saliendo del gimnasio. Estuviste en cada desayuno, cada comida y cada cena.

El cigarro trae un simbolismo muy fuerte para mi: rebeldía, poder, masculinidad, hedonismo. Como todo fumador, me sabía hasta el cansancio los riesgos a la salud, el costo económico y demás clichés a los que recurrían los que me querían convencer de que no fumara. Ni todos los argumentos, ni todas las imágenes en las cajetillas podían convencerme de lo contrario.

Dejar de fumar es igual de íntimo que empezar a hacerlo. Es una decisión que no nace de la lógica, nace de algo más subjetivo, de algo imaginario.

Yo fui una fumadora que verdaderamente disfrutaba de fumar; me dio grandes recuerdos y grandes historias, como el día que me abordó un vagabundo para pedirme un cigarro sobre Av. Ejército Nacional. Yo muy entaconada y arreglada, venía saliendo de una entrevista de trabajo para una ONG. Eran como las 7 pm y me disponía a fumar un cigarro antes de tomar el taxi que me llevaría a casa. Se me acercó «Alfonsito», con quien compartí una plática de media hora mientras me contaba de la vida en la calle, me daba tips para mejorar el sabor del tabaco y me preguntaba sobre mi vida. Me sugería que trabajara para comprarme una casa en Miami. La gente se me acercaba para preguntarme si estaba todo bien o si necesitaba ayuda, les causaba extrañeza verme riendo y conversando con un hombre con los pantalones rotos, cara llena de hollín y sonrisa chimuela. Se despidió de mi para proseguir su camino errante dándome las gracias por una plática tan amena y me dijo que se llamaba Alfonsito.

A un año de dejar de fumar lo recuerdo con algo semejante al cariño, pero me siento feliz de que no sigamos juntos. No decidí dejarlo por salud ni por economía. Decidí dejarlo porque simplemente ya no íbamos bien juntos. Así, separados, estamos mejor.

Xoxo, D.

Dime qué escuchas y te diré quién eres

Era el año de 1989. Cada vez que sonaba The Ramones, agitaba mi pequeño puño en el aire y pedía que pusieran otra vez «Rock’nRoll High School». Ese es mi primer recuerdo musical y sería un factor para definir mi personalidad el resto de mi vida.

La música es probablemente uno de los filtros sociales que guiarán nuestra afinidad hacia el clan al que pertenecemos. Es colador, es adhesivo, es metáfora, es pretexto.

El rompehielos universal para iniciar alguna conversación, amistad o amor: «y tú ¿qué música escuchas?». La sonrisa cómplice como ademán aprobatorio por la similitud de gustos, o el incrédulo ¡ah, órale! por ser políticamente correctos y no externar nuestro desagrado (y prejuicios).

La música quizás sea la mejor compañera que tendremos en nuestra vida. Es más, para muchos de nosotros siempre estará presente, no matter what. «Dime qué escuchas y te diré quién eres»… y así etiquetamos a la gente por su estación de radio predilecta -procuro limitar relaciones con quienes gustaban de Toño Esquinca- o por su conteo anual de Spotify.

Nuestro consumo auditivo, sin darnos cuenta, se convierte en una radiografía de quiénes somos, de nuestra identidad. Lo que subyace en esas preferencias no son los géneros musicales en sí; son las emociones y los rasgos psicológicos; las memorias, los contextos, las creencias, incluso, los temores e inquietudes.

Disfrute estético, control de emociones, mitigación de soledad, aumento de productividad y mejoramiento cognitivo, son algunas de las razones por las cuales escuchamos música.

Yo simplemente me dejo llevar a otra dimensión, en la que solo existimos ella y yo. Me dejo penetrar por los ritmos y le permito derramar en mi su esencia. Así de íntimo es el acto de la apreciación musical. Les presto mi playlist para levantar mi ánimo en días grises.

Xoxo, D.

Controla los ataques de pánico

¿Qué te pasa cuando tienes un ataque de pánico? Y cómo vivir con ellos sin que sean una pesadilla

He pasado por muchos ataques de pánico desde que tengo 17. Era tan común para mi, que aprendí a leer los síntomas. Esto me ha permitido:

1) Saber que estoy teniendo un ataque y que no voy a morirme (porque así se siente)

2) Utilizar técnicas de respiración para disminuir los síntomas. Hay un ejercicio de visualización en el que respiras al mismo tiempo que dibujas un cuadrado con tus dedos. En cada borde inhalas o exhalas y lo realizas por un par de minutos. Hay otra técnica en la que describes 5 objetos que observas, 4 sonidos que escuchas, 3 olores, 2 texturas y 1 sabor que sientes.

3) Tener un plan de emergencia por si los ejercicios fallan. Usualmente cuando siento los síntomas de «no retorno», tengo de 10 a 15 minutos antes de entrar en crisis. En ese tiempo identifico algún hospital cerca. Si estoy acompañada, explico que estoy por tener un ataque de pánico fuerte y que necesitaré de su ayuda para repetirme que respire y que pasará pronto.

¿Cómo llevó mi vida con ataques de pánico?

En mi vida pre contingencia, había veces no podía ir a algún evento social. Me venía la sensación de que algo muy grave ocurriría si iba. Cuando sentía eso, no me obligaba a ir. El cancelar un compromiso me ayudaba a bajar la taquicardia. La regla aquí era no permitir que sucediera siempre. Obligarte a salir es importante para comprobar que solo es tu ansiedad. Sobretodo en esta época en la que se suma la necesidad de la sana distancia.

Tip de oro: Si vas a cancelarle a alguien importante para ti, explicar por lo que pasas ayuda a evitar malos entendidos (y te sigan invitando). Es difícil, sí, pero aligera la carga de tus emociones. La gente que te quiere lo entenderá y seguirá ahí para cuando pase la racha.

Date permiso de sentir

Construí la imagen de ser una persona muy fuerte por lo que me cuesta mucho hablar de mis emociones. No suelo llorar en público y hasta me cuesta hacerlo en privado. Cuando necesito hacerlo, veo series o películas lacrimógenas que me dan el pretexto. Llorar te permite hacer catarsis y te limpia el alma.

Si es algo ya recurrente, busca ayuda

Conforme fui creciendo, aprendí que los ataques de pánico son más comúnes de lo que creemos, pero muchos no saben que lo padecieron. Si comienza a sucederte con cierta regularidad, es importante buscar ayuda, de preferencia psiquiátrica (no, no son loqueros, quita esa idea absurda).

¿Cómo sabes que es un ataque de pánico?

Hay varios recursos online que te permiten conocer los síntomas. Yo he tenido de todo tipo: taquicardia, hormigueos, hipertensión, dolor punzante en el brazo (tipo infarto), sensación de que vas a morir… hasta parálisis facial y vómito. Sí, es algo HORRIBLE, pero con técnicas adecuadas y ayuda profesional, se puede controlar.

Xoxo, D.