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La odisea de pasar de la talla 5 a la 13

Que si el cambio de hábitos, que si las hormonas… El punto es que en 20 años he recorrido todo el espectro de tallas comerciales de ropa. Pasé del “estás muy flaca” al “estás muy gorda” sin haber pasado por el “estás muy bien”.

Quienes me conocen de un par de años para acá no saben que hasta los 22-23 fui talla 5. Pesaba 48 kilos para mis 1.66 pero yo jamás me percibí a mi misma como alguien muy delgada.

Recuerdo que me repetían hasta el cansancio que “debía” de subir de peso. Los comentarios más comunes que escuchaba eran que mis bracitos ñangos, que tenía cuerpo de niña, que estaba toda huesuda. Tuve un novio en esa época que me decía que con la ropa holgada me veía gorda y que me vistiera con ropa ceñida para que vieran todos que sí era flaca. Toda prenda que yo compraba debía ser aprobada por él.

Salí de universidad y mi estilo de vida cambió drásticamente. Empecé a pasar más tiempo sentada en el transporte, en el trabajo y a llegar a casa solo a dormir. Empecé a conocer un estrés muy distinto al que había conocido de estudiante. Usaba anticonceptivos químicos. Recuerdo muchísimo un día que subí a la báscula y pesé 56 kg. No fui consciente de que mi cuerpo estaba cambiando porque como les decía, nunca me sentí alguien delgado. Además como me fastidiaban tanto con que estaba muy baja de peso, así quizás me dejarían de molestar.

Un día me encontré a un amigo de preparatoria que al verme lo primero que me dijo fue “Tú no estabas así”. ¿Qué era “así”? Dejé que él y toda la gente que me conocía de antes llevará la conversación de la comparación de mi cuerpo. Ese era el tema central, no qué había estudiado, no dónde trabajaba, no. Todo quedaba subordinado a mi peso.

Así desde la talla 7 y 9 yo ya era gorda. A los 25 me mudé de casa de mis padres. Empecé a encontrar un disfrute en la comida que jamás había tenido. Comer en la calle y en restaurantes empezó a ser un gusto que me traía un enorme placer. A los 27 me diagnosticaron con depresión crónica y le metí freno de mano a mi vida. Dejé de trabajar y pasé 5 meses dormida, literal. No salía de cama. Pararme era todo un reto, ni se diga bañarme y salir. Entre los antidepresivos y la terapia psicológica que comencé a tomar (y que aún llevo) fuí regresando a la vida poco a poco, pero un año de inactividad laboral obviamente devastó mi economía. Dentro de los recortes estuvo el dejar de comprarme ropa. Un día mi mamá me llevó a comprar pantalones y mi talla usual no me quedaba. Tuve que comprar talla 11. Eso para nada ayudó a mi proceso anímico. El tema central de las conversaciones fue sobre mis cachetes y mi panza sin saber que lo principal para mí era batallar diariamente con mis ideas suicidas (sí, así).

A los 29 entré a la maestría y comencé un proceso de 1 año para bajar de peso. Bajé alrededor de 12 kilos y regresé a la talla M. Empecé a trabajar como YouTuber para una marca de videojuegos y los primeros comentarios que la gente ponía fueron sobre mi aspecto: gorda, fea, machorra. Fue un proceso bien difícil ver cómo cientos de comentarios de gente que no me conocía y que no sabía nada de mi emitían un juicio sobre mi cuerpo. A los 32 ya había recuperado el peso que perdí y eso me dió tanto coraje. Era ese fracaso el centro de mi atención. No los logros que había tenido, no la mención honorífica en mi maestría, o las becas a otros países, no todo lo que estaba logrando a pesar de la depresión, no. Me pesaba más un número.

Un año en confinamiento me ha llevado al último espectro de las tallas convencionales, la 13. Una talla que ha sido muy complicada de encontrar y que sea verdaderamente una talla XG. He estado haciendo un esfuerzo constante para no dejar que eso sea lo que me define y cambiar la historia hacía todas las cosas maravillosas que he logrado. Antes tenía la costumbre no comprar tantas cosas de mi nueva talla para “no estar demasiado cómoda en ese nuevo número”. Qué cosa tan más agresiva. Tener a tu cuerpo ajustado a ropa incómoda, como si fuera un castigo por crecer, por ser dinámico, como la vida misma. Veinte años me ha tomado hacer la reflexión de que he estado centrada en la conversación incorrecta. No voy a mentir diciendo que me encanta la nueva forma de mi cuerpo, pero esta vez sí me estoy permitiendo conocerlo. Sería este proceso más sencillo si las marcas hicieran esas prendas trendies y glamorosas en todos los tamaños y así permitirnos explorar nuestro cuerpo para amarlo con lo que nos gusta y no con lo que nos queda, culpándolo por no dejarnos lucir ropa bonita.

Xoxo, D.