La odisea de ir perdiendo amigos

Vas creciendo y nunca te explican cómo es que hay gente que poco a poco deja de encajar en tu vida.

No siempre fui igual de sociable, de niña me costaba mucho trabajo hacer amigos y estuve en una escuela pequeñita. La primera vez que se alejaron de mí fue al iniciar secundaria en dónde mis mejores amigas me dijeron abiertamente que se iban a dejar de juntar conmigo porque no me interesaban las cosas de “mujeres” y que era muy infantil a los ojos de los demás.

Tal cual me aplicaron la de “eres tú, no soy yo”. Ésta experiencia me marcó tanto, que cada vez que alguien cercano se alejaba, automáticamente significaba que algo había mal con mi forma de ser.

Hice un par de amigas muy cercanas nuevamente que perdí al iniciar bachillerato; una se mudó a otro estado y otra se aburría ya conmigo por no fumar y beber, hábitos que más tarde adopté por aceptación social (¿alguien llega acá que no sea por eso?) y para demostrarles, demostrarme, que podía ser una chica mala. Así me fui convirtiendo en el chile de todos los moles.

Durante todos esos años, la entrada constante de gente y experiencias nuevas, amortiguaba la pérdida de amistades. Fue cuando empecé a trabajar que se notó cómo los intereses que me hacían afin a mis amigos, comenzaban a disolverse. Claro, la identidad acá ya está más definida.

Cuando supe que una de mis mejores amigas de prepa se iba casar, sentí alta traición al no ser invitada. ¿Cómo es que un día te la pasas pegada a alguien y al otro ni te avisa que se va al altar? Una más me dejó de hablar de un día para otro y me bloqueó de su vida, literalmente. ¿Seré nuevamente yo la del problema?

Para mí la pandemia ha hecho muy evidente qué lazos ya se disolvieron y ya lo veo como un paso inevitable de la vida, pero llegar a entenderlo fue un camino largo de mucho trabajo psicológico. Y como todo, el aprender a soltar y dejar que la gente, como las situaciones, simplemente fluyan.

Nos enfocamos mucho en los que “nos abandonan” (ya luego platicaremos de esta visión de víctima) que tampoco nos damos cuenta de a quiénes “hemos abandonado”. Ver esa otra parte es crucial para entender este vaivén natural.

Prácticamente cada decisión de vida que vamos tomando nos va a ir separando de gente, y está bien. Nadie es el problema. El problema sería ir haciendo cosas que no queremos por mantenernos en un lugar en el que claramente ya no estamos cómodos. Y ahí sí, siempre será un “no eres tú, soy yo”.

Xoxo, D.

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