Todas las entradas por Diana Sepúlveda

Investigadora / Melómana / Cinéfila / Gamer / Amante de la buena comida

Las pequeñas victorias

Siempre he sido alguien altamente ansiosa, desde niña. Mi primer pensamiento SIEMPRE que voy a hacer algo nuevo, es todo lo que puede fallar –y varias veces, hasta con cosas conocidas. Ya llevo varios años de entrenamiento para detectar esos pensamientos y no dejar que me paralicen, sin embargo, siempre están presentes, y por lo que veo, seguirán.

En los últimos años he cumplido milestones que no me detuve a analizar, y festejar, hasta hoy que pienso en ellos, digo ¡Wow, lo hice y ni cuenta me di! Creo que poner atención a esas aparentemente «pequeñas» victorias (que de pequeñas no tienen nada) es algo que debo hacer con más frecuencia.

Nunca me había ido de viaje intempestivamente, y el año pasado lo hice. Es algo que había querido desde los 19, pero siempre me ganaba el que los viajes se planean, para no dar cabida al fallo. Un día desperté con unas ganas enormes de ir a Ensenada, y compré los boletos. Fue absolutamente hermoso, y descubrí que cuando no planeas un viaje, la otra opción es que todo salga bien, porque no hay expectativas y vas decidiendo el propio camino. Este año repetí el viaje de imprevisto, e igual, de un día para otro (literal) sucedió.

Otro milestone relacionado con los viajes ha sido conducir en otras ciudades, y en carretera. Llevo muchos años conduciendo, pero esas cosas me ponían en extremo nerviosa. De hecho para mí, manejar sin rumbo o estar cambiando de ruta, era algo que me costaba un esfuerzo impresionante. A medida que he trabajado la necesidad de controlar, me he relajado mucho más en tomar caminos aleatorios, e incluso, perderme por perderme, para ir encontrando camino poco a poco. Descubrí que amo conducir en carretera, que es una sensación muy placentera, y hasta relajante.

Como ansiosa profesional, el mar tenía que estar en mi lista. Le tengo un profundo respeto al mar, probablemente producto de las anécdotas de mi papá en los barcos de investigación. No importa la playa, siempre me mantengo en la orilla, o bueno, me mantenía. Me permití adentrarme y nadar, muy entrecortado ese nado, pero fue algo grande. Y pude disfrutarlo más con otro logro, mi vista.

Me regalé el permiso de superar el terror que me dan los hospitales y los procedimientos quirúrgicos para operarme los ojos. No fui candidata al proceso «sencillo» de Lassik, pero igual fue un procedimiento con láser en el que me rasparon la córnea. Una recuperación larga, eso sí, tardé poco más de un mes en ver bien, y muchas veces pensé que quizás había fallado la cirugía, pero me relajé un chingo y le di el tiempo que necesitaba a mi cuerpo. Despertar y ver bien es increíble. Poder ver debajo del agua es increíble.

Durante muchos años me contuve de hacer cosas por temor, y al menos éstas, resultaron ser algunas que disfruté inmensamente. Es hora de ver qué otras cosas tengo pendientes para ir reparando mi relación con el control y la incertidumbre.

La odisea de convertirme en perfeccionista

A veces te detienes a pensar ¿En qué momento comencé a ser perfeccionista y a ser tan crítica conmigo misma? Toda historia tiene un inicio.

Esta será una serie de varias reflexiones en varios posteos. Surgió, porque quería contar sobre mi experiencia con la depresión, y me di cuenta de que mi detonante más grande fue el tener expectativas que no se cumplían. Pero ¿Cómo me hice esa persona tan rígida consigo misma? Hay que hacer un viaje a la historia familiar.

Mis padres, al igual que muchísimas otras personas mexicanas, vienen de familias destruidas. De tener padres con casa chica (es decir, familias fuera del matrimonio), abandono físico y emocional a sus hijos. Desde pequeños, tanto mi mamá como mi papá, tuvieron que aprender a valerse por sí mismos a base de esfuerzo, sudor y chingadazos. Aquí nace ese primer valor que se inculcó fuertemente en mi hogar: el esfuerzo y el trabajo duro, evidentemente acompañados del sufrimiento (aunque ya después aprendí que no necesariamente debe ser así).

Mis padres tienen el privilegio de ser personas extremadamente inteligentes. El aprendizaje y la educación fueron lo que los ayudó a salir adelante, a pesar, incluso, de sus mismas familias. Mi padre, biólogo, mi madre, enfermera. De ahí que el siguiente valor más importante en casa fuera la educación; fue lo que los salvó a ellos. Recuerdo que desde pequeña mis padres me decían: tu única obligación es la escuela. Lo mínimo que se esperaba en casa es que fuera una almuna de alto rendimiento. Yo, tuve el privilegio de heredarles la curiosidad y el gusto por aprender, así que ser una alumna de excelencia no fue ningún problema para mí.

Crecí creyendo que las calificaciones en verdad eran algo muy importante en la vida; que un 10 te garantizaba un éxito y que definía cómo iba a ser tu vida de adulto. No podía mas que sentir pena por mis compañeros de 6 y reprobados. Por supuesto, nunca me di mérito por mis calificaciones, ni por ser abanderada toda la primaria y secundaria, porque era algo que «era mi obligación«. Cuando sacaba un 9.5 se me cuestionaba en casa y en la escuela ¿Por qué no fue un 10?

Cuando salí de secundaria me llevé el premio «al alumno más valioso» por mi desempeño durante toda esa etapa. Ahora que lo pienso, qué rudo para todos un título así. Para mis compañeros, demeritar su persona por una calificación, y a mi, definirme por esa misma razón, como si no tuviera yo más cosas qué ofrecer.

Un perfeccionista es como un alcohólico, toda la vida lo será, solo aprendes a controlarlo y hay días en los que te aflora más. Yo me hice perfeccionista desde la infancia. Un conjunto de refuerzos en casa, pero también en la escuela. Este mensaje de los profesores de «si sacas bajas calificaciones eres una persona mediocre y no podrás cambiar» se me reforzó hasta la universidad, cuando entré a estudiar Mercadotecnia en el Tec de Monterrey. Jamás me había sentido tan basura, académicamente hablando, principalmente por cómo me trató el director de carrera en ese momento.

Hoy sé que uno no llega a ser el mejor por romper a los demás. No tengo nada en contra del ITESM, el problema es el sistema diseñado en el crecimiento a base de sufrimiento y violencia emocional.

Una calificación NO te define como individuo.

Una calificación NO es lo más relevante.

Una calificación NO debería ser razón para que alguien se quite la vida.

Rompamos ese falso paradigma para ser individuos mentalmente más saludables.

La odisea de ir perdiendo amigos

Vas creciendo y nunca te explican cómo es que hay gente que poco a poco deja de encajar en tu vida.

No siempre fui igual de sociable, de niña me costaba mucho trabajo hacer amigos y estuve en una escuela pequeñita. La primera vez que se alejaron de mí fue al iniciar secundaria en dónde mis mejores amigas me dijeron abiertamente que se iban a dejar de juntar conmigo porque no me interesaban las cosas de «mujeres» y que era muy infantil a los ojos de los demás.

Tal cual me aplicaron la de «eres tú, no soy yo». Ésta experiencia me marcó tanto, que cada vez que alguien cercano se alejaba, automáticamente significaba que algo había mal con mi forma de ser.

Hice un par de amigas muy cercanas nuevamente que perdí al iniciar bachillerato; una se mudó a otro estado y otra se aburría ya conmigo por no fumar y beber, hábitos que más tarde adopté por aceptación social (¿alguien llega acá que no sea por eso?) y para demostrarles, demostrarme, que podía ser una chica mala. Así me fui convirtiendo en el chile de todos los moles.

Durante todos esos años, la entrada constante de gente y experiencias nuevas, amortiguaba la pérdida de amistades. Fue cuando empecé a trabajar que se notó cómo los intereses que me hacían afin a mis amigos, comenzaban a disolverse. Claro, la identidad acá ya está más definida.

Cuando supe que una de mis mejores amigas de prepa se iba casar, sentí alta traición al no ser invitada. ¿Cómo es que un día te la pasas pegada a alguien y al otro ni te avisa que se va al altar? Una más me dejó de hablar de un día para otro y me bloqueó de su vida, literalmente. ¿Seré nuevamente yo la del problema?

Para mí la pandemia ha hecho muy evidente qué lazos ya se disolvieron y ya lo veo como un paso inevitable de la vida, pero llegar a entenderlo fue un camino largo de mucho trabajo psicológico. Y como todo, el aprender a soltar y dejar que la gente, como las situaciones, simplemente fluyan.

Nos enfocamos mucho en los que «nos abandonan» (ya luego platicaremos de esta visión de víctima) que tampoco nos damos cuenta de a quiénes «hemos abandonado». Ver esa otra parte es crucial para entender este vaivén natural.

Prácticamente cada decisión de vida que vamos tomando nos va a ir separando de gente, y está bien. Nadie es el problema. El problema sería ir haciendo cosas que no queremos por mantenernos en un lugar en el que claramente ya no estamos cómodos. Y ahí sí, siempre será un «no eres tú, soy yo».

Xoxo, D.

Limpié mi clóset y me ofendió lo que vi

Hacer limpieza a profundidad de mis triques es algo a lo que estoy habituada.

Desde hace algunos años realizo purgas al menos dos veces al año. Las primeras veces, típico que solo sacas un par de cosas (luego a hurtadillas las regresas porque ya lo pensaste bien) y dejas decenas de cosas para «cuando bajes de peso»… que «sea una estación de año diferente»… o «esta vez sí lo voy a usar»; hasta que se vuelven a encontrar en la siguiente purga de invierno.

Con los años me he vuelto más experta y más objetiva al decidir qué se queda y qué se va (igual la ropa que la gente). Este año estoy dominando el sacar cosas que sí me quedan y están excelentes… pero ya no hacen match con quien soy en este momento. Aplico la Marie Kondo, les doy las gracias y las dejo ir.

Esta última vez ha habido algo distinto. Realicé la selección más a consciencia y tuve un sentimiento apabullante.

Me abrumó ver la cantidad de ropa y accesorios que tengo, muchos de ellos desde mis 20s. Me abrumó tanto que me ofendió la ignorancia de todo lo que se hallaba en esos ganchos y cajones.

¿Cómo es que un ser humano necesita de tanto? ¿Por qué necesito mucho espacio para vivir si solo somos dos personas? ¡Ah, claro! Por toda la mierda que cargamos con nosotros. Y puede ser ropa, electrónicos o incluso libros… ¿Libros? How you dare? Sí, libros; esta necesidad de «poseer» mucho conocimiento, o de aparentar al menos, eso.

Saqué 20 libros de novelas que vendí al señor que compra usado y me dió una moneda de $10. ¿Qué? ¿Por los 20 libros? Al principio lo sentí insultante, luego dije… bueno, en mis libreros valían menos de $10 porque eran libros que nunca más iba a leer y que ya no quería. Y ahora alguien más podrá leerlos.

¿Para qué necesitamos tanto? Hasta la víbora que cambia su piel constantemente, deja la vieja para degradarse mientras sigue su camino. Quiero ser como esa víbora.

Xoxo, D.

La esposa de mi amigo le prohibió hablarme

Pareciera algo salido de un drama adolescente, pero no. A nuestros treintaytantos aún jugamos a eso (y qué flojera).

La verdad es que ni sé por dónde empezar; tal vez por la sensación de «chale» de saber que no puedo compartir con mi amigo todos esos recuerdos de secundaria o que me puede dar tips laborales.

Sucedió que un día me hice amiga de mi crush de la adolescencia. Nos conocemos desde que tengo 5 o 6 años, y aunque durante gran parte de mi vida fue «el hermano de mi amigo», luego se convirtió en una persona con la que podía platicar de absolutamente todo y que jamás me juzgó. Por supuesto que al ser mi crush hubieron coqueteos y declaraciones de que nos gustábamos en algún momento de la vida. De que fui su stalker y que le escribía poemas ¡hace años luz, cuando aún éramos unos chamaquitos!

Desde hace algunos años sé que tenía él una relación complicada, sin embargo de vez en cuando podíamos entablar conversaciones pasajeras. Las más relevantes para mí, las de la última vez que mi madre estuvo hospitalizada y que tenía que aventarme las guardias nocturnas. Fue uno de mis bastones. Muchas noches y días platicamos sobre lo que hoy en día es mi carrera (él fue el primero en contarme qué rayos era eso de scrum y de agile).

Podíamos platicar de cómo estaba siendo envejecer; de los miedos que tenemos; de lo que ha sido vivir muchos años en terapia, de nuestras expectativas. Curiosamente, de lo mucho que quería a su esposa (aunque ella ni lo imagine) y yo al mío. Siempre te alegra saber que alguien encontró el amor. Le tengo un profundo cariño por todo lo que significó él para mí de adolescente y me da mucha tristeza saber que está en una situación de elegir entre su esposa o seguirme hablando.

La elección es obvia y no lo pondré en una situación incómoda -más- de lo que probablemente ya tiene. Me da tristeza saber que las inseguridades de una persona la hacen ver los fantasmas de los celos. Me da tristeza por ella, saber que vive vigilando cada acción y cada conversación de su esposo. Me da tristeza por él, saber que está en una relación con falta de confianza y amor propio. Me da tristeza por mi, porque son pocas las personas con las que puedo abrirme y contar mis pesares. Me duelen los amores enfermos y controladores porque yo estuve en uno alguna vez.

¿En qué momento nos hacemos dueños de la gente? ¿Por qué los poseemos como si habláramos de una blusa o un coche? Me duele, porque no es la primera vez que le prohíben mi amistad a alguien, y por que probablemente no será la última.

Qué cansado vivir en una vida de controlar lo incontrolable. Me retiro de esas batallas, recordando con cariño su lugar en mi vida.

Xoxo, D.

¿Cómo le di la vuelta al insomnio?

Dormir es de esos placeres sencillos de la vida y dormir a voluntad se ha convertido en un súper poder del que muy pocos pueden hacer alarde.

Yo solía ser de esa élite que en cuanto cerraba los ojos, caía en un profundo sueño; en los últimos dos años se desvaneció ese don. Parte estrés laboral, parte pandemia y parte pésimos hábitos al dormir, el tratar de conciliar el sueño se volvió de esas cosas realmente frustrantes.

Busqué por todo Google y encontraba los mismos tips que en realidad no me funcionaban de forma constante: meditar, lavanda y pasiflora, lechuga en la almohada, tratar de dormir siempre a la misma hora, un baño tibio, melatonina, leche caliente, contar borreguitos, pararte de la cama y estar activo… ¡Y uff!

Y sí, algunos me funcionaron un par de veces, pero después, nada. Así es que te comparto la serie de cosas (sí, son varias) que me han ayudado a mejorar mucho mis ciclos de sueño.

  • Cambia tu almohada

¿Cuándo fue la última vez que cambiaste -o incluso, lavaste- tu almohada? He aprendido que el espesor del cojín debe ser acorde a cómo duermes. No es lo mismo dormir boca abajo, en dónde algo bastante ligero ayuda, a dormir de costado, en dónde el espacio entre el colchón y tu cabeza requiere de más espacio y mayor soporte. Con las almohadas es como con el psicólogo, no te vas ajustar a una a la primera (y si sí, suertud@) pero vale la pena probar dos o tres. Yo compré unas de Lunna que te permite sacar el relleno para ajustarse.

  • Busca la temperatura adecuada

Puede ser que tu habitación es muy fría o muy caliente; muy seca o muy húmeda. Identifica qué es eso que le hace falta a tu entorno. En mi caso, fue el calor así que compré un ventilador de torre con modo nocturno. También un juego de sábanas ligeras de fibras de bamboo. Hay temporadas en que es muy seco y compré un humidificador pequeño que pongo en mi buró.

  • ¿Qué tal está tu colchón?

Igual que con las almohadas, no solemos prestar atención al colchón. Hacer rotación de este al menos una vez al año, permite que el desgaste se haga más uniforme y se mantenga la firmeza. Si ya tienes más de 7-8 años con él, quizás valga la pena comprar otro. Invierte, vale la pena. Yo soy fan de los colchones duros a base de espuma y memory foam. A veces con tan solo dormir al revés (los pies donde va la cabeza) ayuda a que te soporte distinto.

  • La sorpresa más sorprendente: un antifaz

Siempre qué veía en series y películas el uso del antifaz para dormir sentía que era un accesorio absurdo y más para reflejar lo snob de alguien. Resulta que me regalaron un antifaz de satín cuando compré la pijama y dije, a ver. Wow. ¿Qué clase de brujería es esa? Después investigué qué había detrás de eso, y es que el uso del antifaz te permite la oscuridad óptima para producir tu propia melatonina y no necesitar consumirla en pastillas. Si eres de los que despierta mucho, promueve que se acorten esos espacios de estar despierto. Yo ya no puedo vivir sin el antifaz. Eso sí, recuerda lavarlo semanalmente para quitar el sudor y suciedad acumulados. No es necesario que uses uno fancy, busca materiales ligeros y cómodos, que no te aprieten ni queden muy flojos.

Todo esto en conjunto me ha caído fenomenal. Claro, el no ver tv antes de dormir o estar con el celular, también ayuda, pero siendo muy franca, me hice a la costumbre de quedarme dormida viendo alguna serie. No medito per se, pero a veces escucho audios de guía de respiración profunda o le pido a mi esposo que me lea (sí, como el cuento antes de dormir cuando éramos niños). No sé por qué de adultos ya no lo hacemos, es increíble.

Ojalá estos tips te ayuden a tener dulces, y reparadores, sueños.

Xoxo, D.

Estoy en duelo por mi empleo

El duelo en sí es ese periodo que vivimos tras una pérdida. Usualmente relacionamos el duelo tras un fallecimiento, pero ¿Podemos sentir otro tipos de duelos?

Llevo más de un mes sintiéndome triste, confundida e incómoda. Mi primer línea de pensamiento es que era producto del hartazgo del confinamiento. Luego comencé a pensar que quizás era el inicio de una de esas profundas depresiones que me dan cada ciertos años y que no me permiten ni hacer ni disfrutar nada.

La semana pasada, tras muchos ejercicios de análisis e introspección, pude nombrar a eso que me estaba pasando: un duelo.

Hace un mes cambié de empleo, y aunque es una gran empresa y una gran oportunidad, resentí mucho mi salida del lugar pasado. Verán, mi ex trabajo tiene una cultura organizacional fabulosa, que era extremadamente compatible con mis visión y mis valores. Además trabaja con un producto que disfrutaba enormemente. Y ustedes dirán ¿Entonces por qué te cambiaste? Pues los cambios a corto plazo que estaban sucediendo en mi área ya no era compatibles con mi visión. Y no que la mía fuera la correcta y la otra no, para nada, simplemente ya estábamos en caminos distintos. Hice lo posible para ver si podía acomodarme en otra parte, pero eventualmente me cayó el veinte de que ya no había forma de seguir juntos.

Hago mucho la analogía de una relación de pareja, en la que se quieren mucho pero uno quiere una cosa y el otro algo completamente distinto. Y así, la relación simplemente debe terminar para que no se lastimen, no haya resentimiento y que el cariño no se convierta en costumbre.

Estuve en varios procesos de reclutamiento y elegí la opción que sentí más encaminada a lo que busco. Sin embargo, siento aún mucha nostalgia por ese lugar en el que creí que estaría por mucho tiempo. Ojalá los trabajos tuvieran esa opción de dar un periodo para sanar tu relación anterior, pero no lo tienen, entonces es un ejercicio desgastante en el que empiezas a conocer este nuevo lugar, tienes que asimilar la información nueva, nuevos procesos, nuevas industrias (al menos en mi caso), ves que expectativas se cumplen y cuáles no, mientras extrañas el pasado.

Para mí ha sido muy importante el detectar que estoy en duelo, para permitirme conocer bien este nuevo lugar y disminuir esas comparaciones que a veces tendemos a hacer y que quizás pudieran estar nubladas por ese velo de nostalgia. Y me doy cuenta de que mi duelo empezó algo antes de incluso decir cambiarme de trabajo. Empezó cuando me di cuenta de que ya no podía encontrar lo que buscaba ahí, de saber que lo más sabio es retirarte.

Y está bien. Todo lo que siento está bien y me debo dar permiso de sentirlo todo.

Xoxo, D.

Cuando tu mejor amiga fallece…

Hace un año escribí esta carta a mi mejor amiga de la adolescencia. No fue el día que me enteré de su partida, que aún recuerdo con una claridad impresionante porque esa noche también falleció mi abuela, pero fue un día que la tuve muy presente en una sesión con mi psicoanalista. Estuve todo el día llorando e inicié un proyecto en Instagram para recopilar a toda la gente que fue relevante para mí en algún momento de mi vida.

Hoy hablé en mi sesión mucho sobre ti.

Ya sabía yo lo importante que fuiste en mi vida pero hoy aún descubrí nuevas cosas en las que me ayudaste. Cosas que van más allá de enseñarme a bailar o a maquillarme, o a no ser una teta con quien me gusta. Me diste seguridad, me diste autoestima, me diste el cuestionar a todos. Me diste una amistad de las que se ven por televisión: pijamadas en tu casa, tu mamá recogiéndonos de la escuela, shopping sprints (de cómo $100 porque no teníamos dinero), llamadas a escondidas a los chicos que nos gustaban, ensayos de coreografías, intercambios de CDs… Luego conociste nueva gente más emocionante que yo.

Me dolió mucho perderte, era la segunda vez que la vida me alejaba de una mejor amiga. Me enojó que me convertiste en alguien no suficiente para ti… Y como creaste a un monstruo, el orgullo me rebasó.

Luego enfermaste y retomaste el contacto. Para ese momento yo ya tenía cosas más interesantes qué hacer que ponerme a recordar los momentos de secundaria (según yo). Comencé a postergar esos planes para vernos, para recordar. Yo sabía que estabas enferma, lo podía ver en tus fotos, pero no sabía todo por lo que estabas pasando. Luego supe que falleciste. Desde ese día te recuerdo todas las semanas. Te sueño, te pienso, te escribo. Me duele infinitamente que el orgullo no me dejara decirte en persona lo importante que fuiste para mi.

Fuiste mi compañera en el momento en que más sola estuve, en que más miedo tuve, cuando mi mamá enfermó de cáncer. Tú me escuchaste, tú me acompañaste, tú mejoraste esos días de tristeza. Siento mucho no haber podido hacer lo mismo por ti y haberte abandonado en esa soledad y en ese miedo que tuviste por lo que estabas enfrentando. No hay día que no me arrepienta de eso. Fuiste un gran, gran, GRAN pedazo de mi vida, mi querida Naitze.

Cuando escribí esto, cargaba con mucha culpa, no solo con ella, sino con todas las amistades descuidadas. Después de mi ejercicio en Instagram, -una actividad súper linda que me ayudó a reconectar con un par de personas- me permití quitarme esa carga de culpa y de darme cuenta de que las otras partes también fueron responsables de esas rupturas; al final del día son procesos normales. Cada amistad olvidada trae consigo una especie de duelo. Pero también es bello de la nada decirle a alguien, oye, me acordé de ti y de lo mucho que te quise, y seguir cada uno con su vida.

Tú fuiste quien inspiró mi actividad de decirle a la gente que ha pasado por mi vida la huella que dejó en ella. En dos días se cumplen tus dos años de fallecida, qué rápido se fue. Hace dos años vi a tus padres y a tus hermanos, conocí a tu esposo. Tu casa olía igual que cuando pasaba tardes enteras ahí. Y ahí estabas tú, toda tu vida y los recuerdos concentrados en una cajita de madera con tus cenizas. Durante mucho tiempo me sentí culpable por todo lo que no te dije, hoy me siento agradecida, por todo lo que pasó y no pasó. Me he estado dando cuenta de que toda relación tiene dos lados, y a veces cargamos con toda la responsabilidad de mantenerla (familiar, romántica o de amistad) cuando debe ser una responsabilidad compartida. Nunca es tarde para retomar viejas relaciones, pero tampoco es tarde para soltar algunas que ya solo viven en la nostalgia, y esto está bien. Gracias Nai por estar tan presente en mi vida, en mi mente y en mis sueños. No nos debemos nada ya, sé feliz y sé plena en donde quiera que estés, yo trataré de hacerlo donde esté también. Por siempre estarás en mi corazón, Naichu. (Hasta escuché Chayanne para recordarte, espero que te des cuenta del esfuerzo jeje). Un beso al infinito.

Xoxo, D.

Capitalismo artístico: del ‘posmo’ al ‘fomo’

Cuando estudiaba la maestría, conocí a Gilles Lipovetsky, un personaje obligado para los medios digitales como Focault para la Comunicación. Él es uno de los filósofos de la actualidad que ha dedicado su vida a estudiar la posmodernidad, lo ‘posmo’ pa’ los cuates, y la hipermodernidad.

Con él comencé a analizar con más detenimiento el consumo como una obra artística, en el que el proceso de compra se conviertía en un teatro: montajes de luces y escaparates, coreografías de clientes y vendedores, generación de ilusiones y sensaciones; el centro comercial es un escenario inmerso en nuestra vida cotidiana, y el ecommerce, tampoco está excento de esto.

En la época en la que nos encontramos, la estética y el diseño son parte fundamental de toda actividad humana. La competencia originada por el hiperconsumo se ha enfocado fuertemente a lo sensorial; el diseño como profesión se ha diversificado más allá de lo gráfico y de lo tangible: diseño de emociones, diseño sensorial, experiencia de usuario, diseño web… La estética moviliza y apela a los placeres y a las emociones.

Una pregunta clásica en la escuela de diseño es si el diseño es arte; hoy en día la búsqueda de la esencia del objeto, su origen funcionalista, se subordina a una utilidad poética y hasta narrativa. Hoy queremos que todo nos cuente una historia, que tenga una personalidad y un alma, desde un collar hasta ir al banco.

La tendencia de fotografiar o tomar una selfie, en momentos de caos, como algún desastre natural o una desgracia, trae también en sí está necesidad narrativa. Dice Lipovetsky “Hay una belleza en el desastre, estetizamos los cataclismos”. Y sí. Creo que de cierta forma, la narrativa también habla de esa necesidad de formar parte, de que no tengamos ese FOMO. (Fear of missing out, algo bien interesante que se ha intensificado con las redes sociales).

Y ese FOMO también se percibe en la producción del arte. Aquí no quiero entrar en debate con que si los filtros de Instagram son o no herramientas artísticas, lo cierto es que la gente que usualmente no participaba en actividades artísticas, hoy en día lo está haciendo: tomando fotografías, haciendo videos, aprendiendo a modelar en 3D, investigando sobre arte NFT.

Ahora más que nunca debemos cambiar la mirada sobre la educación artística para adquirir esa sensibilidad y aprender a disfrutar. Esa conversación de lo que es alta cultura o baja cultura está muy choteado. Tú disfruta tus memes y de crearlos.

Recuerdo en mis clases en la universidad cuando me explicaban que la esencia del diseño no era crear un objeto bello, si no, funcional. Con el pasar de los años yo misma me repetía esta frase a la hora de crear algo para evitar elementos no necesarios. Que el pasillo de una tienda tenga una agradable fragancia no altera su función, sin embargo ese elemento no necesario se agradece y se valora en la experiencia que genera.

Xoxo, D.

Recetas para el adulting: garbanzos crujientes

Amamos las botanas y esa placentera sensación de hacer crujir con nuestros dientes. Parte indulgencia, parte ocio, las botanas incluso pueden ser colación entre comidas.

Yo soy fanática de cualquier tipo de botanas, pero si me dicen que ya hay alguna rica, crujiente, saludable y que además se prepara fácil, tienen toda mi atención.

Ese es el caso de los garbanzos crujientes, que son una verdadero descubrimiento para mí.

2 porciones    COSTO total: $20    TIEMPO: 2 canciones

  • 200 gr de garbanzos (si son naturales, deben estar previamente suavizados en agua, sino, pueden comprar de lata y los escurren y secan muy bien)
  • Aceite de olivo
  • Paprika o pimentón dulce
  • Comino
  • Sal (de grano o refinada, la que sea)

En una charola coloca los garbanzos con un chorrito de aceite, la sal, la paprika y el comino. Revuelve todo hasta que queden los garbanzos cubiertos con la mezcla. Esparce los garbanzos a lo largo de toda la charola.

Prende el horno a 200 C° y mete la charola. Déjalo por 40 min. y retira. Si notas que aún no están crujientes, deja otros 5 min. vigilando que no vayan a quemarse.

Y ¡listo! Puedes ponerles salsa Valentina o Botanero, chamoy o comerlos solos. Son una delicia.

Te dejo el playlist (las 2 canciones) que escuché mientras preparaba. En realidad todo el tiempo es el del horno y te puedes poner a hacer otras cosas.

Xoxo, D.

  • Affirmation – Savage Garden 4:55
  • All you need is love – Luciano Pavarotti 4:15